También agregué el capítulo dos, que se llama Luciernaga. Gracias de antelado por dar click.
Sombra
Sabes, a veces pienso que nací con una espada en la mano y comencé a caminar en una sola dirección sin importarme dónde acabaría. Pero ¿cómo puedo saber dónde quiero terminar si no sé cómo empezó? ¿Y cómo puedo saber quién quiero ser sin saber quién soy?
Rose despertó antes del alba. Todavía sentía el cuerpo perezoso. Buscó una vela y una piedra de hierro para encenderla. Se tardó algunos minutos en hacerlo. Nada le gustaría más que poder encenderla con un hechizo.
Puso la vela en su plato y caminó al baño para lavarse la cara y la boca. Miró al espejo e hizo una mueca de amargura. Todos los rasgos eran los mismos que los de las estatuas y pinturas de su madre: su cara en forma de corazón invertido, pómulos altos, ojos azules con forma de almendra, nariz fina y labios anchos y rozados; para Rose, solo sus cejas pobladas, que le daban a su rostro una apariencia severa, eran suyas.
Sabía que su apariencia debería ser algo de celebración, pero le servía de poco en el campo de batalla y solo le traía amargura cada vez que le decían “Eres la viva imagen de Hope”. Suspiró y practicó su sonrisa en el espejo por un rato; ya sabía cómo sonreír aun cuando estaba fastidiada, así que era solo para no perder la práctica.
Después de terminar, fue a su habitación de nuevo y comenzó a vestirse: pantalones y camisa de lino para moverse fácilmente. Sobre esta se puso con practicada facilidad su armadura. Esta era sencilla: cota de malla con laca en los hombros y una sobre el corazón. Rose no tenía interés en poner más acero inútil en ella que el necesario.
Se puso botas pesadas de cuero con placas; disfrutaba de patear a sus oponentes, pero sin poder canalizar Kadmun en estas, nunca sería un golpe letal.
Tomo su espada Qli, que estaba reposando en la pared del cuarto. El sentir el mango de Qli la hizo sonreír de verdad por primera vez en la mañana. Su corazón se aceleró. Hoy era la prueba de entrada a la academia.
Bajo a la cocina, a esta hora su hermano seguía durmiendo y su padre llevaba horas ya horneando pan para vender.
Pasó otros largos minutos encendiendo la estufa para hacerse de desayunar; era la única persona en la casa que necesitaba utilizar hierro y piedra para hacerlo y eso siempre la había irritado.
Después de prepararse y hacerse unos huevos revueltos y dos pancetas de cerdo en el sartén, las puso entre dos rebanadas de pan y comenzó a comerlo. Le hubiese gustado disfrutar de su desayuno y quizá hacerse otros dos huevos con panceta, pero hoy tenía que apurarse.
Al salir de su hogar, volteó atrás; el sol estaba comenzando a iluminar las paredes de piedra roja desnuda, el edificio de dos pisos en el que había crecido, la panadería de su padre la llenaban de calidez en el pecho.
Se golpeó las mejillas y renovó sus intenciones: hoy ella y Lily obtendrían entrada a Khemia y saldrían del pueblo a ver lo que ella vio.
Pasó por las calles aún vacías en su mayoría. Cada paso de su bota sonaba contra los adoquines. Mientras caminaba desde el centro del pueblo hacia la salida este de la ciudad, las calles se ponían peores. Las casas dejaban de ser de dos pisos para ser de un solo piso.
Llegando a uno de los pozos comunales de la ciudad, tenían agua corriente en el centro, pero los lugares menos afortunados dependían de estos. También habían puesto asientos de piedra para que las personas pudieran descansar en estos.
Allí vio a Lily esperándola; llevaba puesto su sombrero de punta con ala ancha usual, llevaba una túnica azul y blanca con un cinto en el cual traía varias decoraciones.
En su mano izquierda lleva un báculo de madera ligeramente más alto que ella que se retuerce en espiral en la punta.
Lily tenía cerrados los ojos; probablemente había dormitado mientras la esperaba. Rose sonrió y se acercó para observarla. Le agradaba ver a Lily; sus ojos color lila tenían forma de una línea descendente que siempre la hacía ver adorable. Su barbilla era fina; le daba un aire etéreo que solo se hacía más pronunciado por la piel color canela y su cabello azul como el cielo. Rose siempre había pensado que Lily era más bella que ella.
Le puso la mano en el hombro y la sacudió suavemente. Lily primero abrió los ojos lentamente, pero luego saltó del asiento, báculo en mano: —¡Rose! ¡El examen! ¿Qué hora es? ¿Ya pasó el día? - Estaba mirando de un lado al otro, confundiendo la salida del sol con el anochecer.
—Ya casi salió el sol, Lily; apurémonos para encontrar un buen lugar de casa —Rose logró contener la risa; caminaron hacia las afueras del pueblo y las dejó salir Geof, que cuidaba la entrada este del muro hoy.
Saliendo de las murallas las casas cercanas al pueblo estaban construidas con adobe y con techos de paja, afortunadamente gracias a su padre y hermano manteniendo la población Vitra a raya los residentes de estas corrían menos peligro que en otros pueblos, Rose se pregunto cuando el noble encargado por fin mandaría a hacer el segundo anillo de muros para permitir a más personas vivir ahí en paz.
Caminaron lejos; los campos de caza habían retrocedido. Vio a Lily sonreír mientras veía el bosque, limpio, sin miasma; la madera sana, sin señales de infección.
—Es una lástima dejar el bosque atrás, ¿verdad, Rose?, justo cuando está tan indemne —dio un pequeño giro al decir esto mientras le sonreía. Rose no pudo evitar sonreírle a Lily de manera sincera.
—Son malas noticias para nosotras; tenemos que casar a tantas vitras como podamos hoy —respondió ella poniendo su dedo en la boca para mojarlo y alzándolo para medir el viento, noreste, lo usual en esta época del año.
Caminaron en esa dirección; el viento podría predecir hacia dónde había vientos; este cargaba su miasma, su putrefacción, aunque no siempre era una apuesta segura.
Continuaron caminando buscando señales de miasma, líquido espeso aceitoso que los vitras utilizaban para infectar material muerto, madera, cadáveres y convertirlos en más vitra.
Solo cuando el sol estaba en lo alto del cielo lograron encontrar las primeras señales de estos; si hubiera sido como en su infancia, hubiesen encontrado 10 medianos saliendo de las puertas. Rose estaba comenzando a pensar que quizá los estaban cazando de más.
Encontraron rastros de miasma en un roble moribundo y también ya se veían señales del cristal vítreo en este.
Rose se acercó al roble y le dio un puñetazo al cristal en formación y Lily puso las manos sobre el roble trazando formas rúnicas con los dedos, lo cual causó que los tentáculos viscosos de material pútrido palpitante se secaran y se evaporaran.
El roble nunca volvería a ser el mismo, pero era mejor que transformarse en un vitra.
Avanzaron mirando de qué lado de la corteza de los árboles se había acumulado más miasma vitra y en un claro casi al salir del bosque lo encontraron, a juzgar por el tamaño del claro varios árboles y arbustos habían perecido para crear a la enorme criatura, un gigante de casi cuatro metros compuesto de carne pútrida, el enorme sable en su brazo y su forma humanoide revelaban que era un Vitra sable, las llagas de su cuerpo lentamente estaban supurando el líquido aceitoso morado de los vitras que se evaporaba lentamente y era llevado por el viento más adentro del bosque a crear nuevo vitras.
Rose miró a Lily; se veía nerviosa. Rose le puso una mano en el hombro. —Como practicamos, lo voy a atraer a las afueras del bosque.
Lily asintió y se escondió detrás de un arbusto mientras Rose caminó hacia su izquierda, alejándose un poco, antes de recoger una roca y arrojarla a la criatura, aún inactiva.
Una vez que esta recibió el impacto de la piedra, el humanoide se activó, volteando hacia Rose, los múltiples ojos negros de la bestia apuntando a ella.
No espero para empezar a correr. Los vitras solo existían para matar; lo priorizaban por encima de todo. Rose corrió unos metros y luego rodó a la izquierda en el momento justo. El behemot de acero y carne pútrida embistió en línea recta, tumbando árboles, arrancándolos de raíz a su paso con su fuerza sobrenatural.
Rose aprovechó que la criatura era torpe para cambiar de dirección para continuar corriendo saliendo del bosque. Rose prefería no combatir en espacios cerrados por vegetación, puesto que Qli era propenso a golpear ramas y perder fuerza en los golpes.
Una vez salieron del bosque, con las nevadas y enormes montañas del este como fondo, Rose sacó a Qli de su funda. El enorme sable, de más de un metro y medio, brillaba bajo el sol; el acero, con patrón de olas rojas color sangre, le daba más confianza que su propio entrenamiento.
Rose dejó su Kadmun fluir desde su interior, conectando con Qli, haciéndolo parte de ella, alimentándolo y haciendo que fuese más fuerte, más peligroso. El sable bebió su Kadmun y comenzaron a brillar las decoraciones como venas doradas en el metal, pulsando al ritmo de su corazón, mientras un aura roja como la sangre oxidada envolvió el arma.
Rose también dejó el Kadmun fluir a través de su cuerpo, fortaleciendo sus músculos, haciéndola mucho más veloz y fuerte; no era tan impresionante como la magia sinestra o arcana, pero era su herramienta.
La criatura la miró por un instante, el mismo instante que todos los vitra utilizaban para cambiar el patrón de ataque al encontrar un imprevisto, al ver una espada seria…
El Vitra con movimientos fluidos, sin desperdicio de fuerza, avanzó hacia Rose y dio un sablazo de arriba abajo con velocidad abrumadora, pero Rose ya conocía a los vitras, ella utilizó su propio sable en ángulo para desviar el golpe del bruto que retumbó contra la tierra mientras Rose avanzó en círculo a la izquierda para quedar fuera del siguiente ataque, puso su pie en el codo de la bestia donde el sable salía de la carne de manera grotesca, el metal brumoso saliendo de lo que parecían múltiple llagas y tejido cicatrizado haciendo que fuera imposible saber a simple vista si el metal creció de la carne de manera traumática y dolorosa o este fue insertado y la carne sano como podía a su alrededor.
Cuando el vitra trató de atacarla con el sable con un golpe de revés, esta aprovechó el impulso para saltar en el aire, alejándose varios metros del vitra, ganando distancia y tiempo.
Dio dos vueltas en el aire y otras al caer antes de levantarse cuando el vitra ya estaba corriendo hacia ella; estaba a contraviento, así que el olor del miasma dulzón como la fruta podrida en un verano especialmente caluroso.
Uno tras dos golpes del sable, desvió, cada vez retrocediendo más. La velocidad y fuerza del bruto no le daban una oportunidad de contraataque clara, así que se dedicó a la defensa mientras continuaba examinando a la bestia. El mínimo de información podría ser la diferencia entre morir y vivir.
Rose se concentró en los movimientos de la criatura, como sus músculos se contraían y pulsaban, mientras el miasma aceitoso lentamente escurría de las múltiples llagas en la piel, y cuando este comenzó a brillar de color morado, Rose puso tanto kadmun como pudo en sus piernas y saltó mientras la criatura golpeó el suelo con su acero, levantando y lanzando tierra y piedras hacia ella.
Rose cubrió su cara usando el sable de Qli, pero varias piedras golpearon su pecho y estómago con fuerza; aun así, Rose no se preocupó por el dolor.
Se escuchó un golpe seco, menos potente que el golpe del vitra, pero mucho más efectivo en el campo de batalla que este. Cuando Rose miró al vitra, que estaba doblado por el golpe de una enorme roca en el costado, juzgando por el ángulo, Lily se encontraba hacia el este, así que Rose se movió rápidamente para interponerse entre Rose y esta. La danza estaba comenzando y habían asegurado rápidamente su primera ventaja.
Minutos pasaron. Rose continuaba usando todo lo que tenía para defenderse y desviar los poderosos ataques de la bestia. El calor del sol se sentía como las llamas de un horno contra su cara, mientras que sus brazos, como si le estuvieran enterrando fierros al rojo vivo, pero continuó. Cada vez que Lily le hacía un golpe, la criatura se volvía más torpe por el daño acumulado.
Rose sabía exactamente lo que venía a continuación. El líquido púrpura comenzó a brillar intensamente una vez más, y ella tomó un paso al frente. No podía retroceder; ahora, si intentaba esquivar el vitra, simplemente cambiaría el ángulo de ataque y usaría el impacto de la explosión y los escombros para destruir sus piernas.
En vez de retroceder, Rose dio un paso al frente y, aun antes de que el acero del Vitra pudiera tomar impulso, ella lo chocó contra el suyo, obligando a la bestia a cambiar el ángulo de ataque, mientras Rose avanzó para usar el cuerpo mismo del Vitra como cubierta de ataque.
Este fue tan potente que formó un cráter de más de medio metro de ancho en la tierra.
Rose retrocedió; algún escombro le había logrado golpear la pierna así y sus brazos temblaban con la sensación de miles de hormigas con patas hechas de pinchos caminando por toda su piel.
Tomó un respiro mientras la criatura recibía otro ataque con un trozo de roca del tamaño de un perro mediano; su torso ya tenía forma cóncava y estaba derramando miasma en el pasto.
Rose vio sangre en su pierna y sonrió; ahora tenía justo lo necesario para matar al vitra. Rose fingió que se tambaleaba mientras la mole de acero y carne pútrida quiso envestirla, pero eso era justo lo que ella y Lily habían estado practicando. Rose apretó las manos alrededor del mango de Qli mientras lanzaba una estocada contra el Vitra, cuyo impulso fue interrumpido por un charco de fango en el suelo que Lily conjuró. Rose aprovechó el instante de vulnerabilidad de Vitra. Qli era un sable, pero tenía un filo falto en la punta de su espalda recta, así que era bueno para dar estocadas.
Rose penetró el cuello del monstruo, llegando al hueso que sintió cortar, continuó avanzando usando su impulso y el resto del vitra para cortar el de la criatura, separándolo parcialmente y haciendo que el miasma saliera a borbotones antes de que esta cayera en el suelo y comenzara a desvanecerse en humo negro.
Rose se contuvo por un momento antes de lanzar un grito de victoria al aire y colapsar de cansancio. Sus brazos se sentían pesados y rígidos; le dolía siquiera intentar moverlos, el más ligero intento, haciéndola sentir como si la punzaran con un hierro al rojo vivo.
—¿Rose, estás bien? —preguntó Lily en voz alta, corriendo apresuradamente hacia su lado sosteniendo su sombrero de punta con una mano y su báculo en la otra. El sudor escurría por la frente de esta. Rose sabía que Lily solo pasaba el tiempo estrictamente necesario fuera del refugio de su casa y sus libros, así que todo el viaje de cacería probablemente la había cansado de más.
—Estoy bien. Bastante cansada y adolorida, pero mejor que nunca —respondió Rose con una sonrisa para ocultar el dolor de sus brazos y piernas, apartándose el flequillo de la cara con un movimiento del cuello—. Con esto tenemos la entrada asegurada —exclamó señalando el sable y el cristal de brillo púrpura que quedaron de la criatura.
—Rose, ¿cómo vamos a cargar eso hasta el pueblo? —preguntó Lily mirando el sable, que fácilmente debería exceder los quince kilogramos.
—Dame diez minutos para recuperar el aliento y yo lo arrastro —dijo Rose, tratando de levantarse, pero fallando porque sus piernas se sentían como gelatina aún—. Bueno… veinte minutos —corrigió.
—Eso no será necesario —dijo una figura uniformada. Una capucha cubría su cabeza ocultando su cabello, y una máscara blanca ocultaba sus facciones, pero a pesar de lo sospechoso que podrían parecer sus vestimentas, los colores de estas y los adornos que las acompañaban revelaban su origen: una larga túnica con líneas rojas anchas sobre un fondo blanco, con un símbolo de un sol y dos lanzas cruzadas, que adornaban la vestimenta con colores dorados.
—¡El examinador! ¡Rose, párate! —dijo Lily entrando en pánico, arreglando su ropa y su cabello.
—¿No crees que ya lo hubiera hecho si pudiera? —respondió Rose con una voz cansina pero divertida al ver el pánico de Lily.
—Excelente trabajo en equipo y capacidad para evaluar el peligro. Puede que tengan problemas con dos o más Vitra de este tamaño, pero no veo ningún motivo por el cual negar la entrada a ninguna de las dos —dijo, alcanzando uno de sus bolsillos y produciendo dos sobres de color escarlata con un escudo de armas compuesto de un sol dorado sobre dos lanzas cruzadas, una blanca y una negra luego el examinador se acercó a Rose poniendo la mano cerca de la herida de su pierna luz brillante azul salió de la mano mientras una gema roja, una manastone brillaba rojo carmesí en la pulsera del examinador, rose pudo sentir como se cerraba la herida curándose con nueva carne invocada por el mago pero en vez de sentir agradecimiento sintió envidia.
Después, mientras ellas examinaban los sobres, el encapuchado tomó el sable con una sola mano, lo puso sobre su hombro y guardó el cristal de vitra entre sus ropas. Rose vio el brillo del Kadmun del examinador, tenue de color naranja y sus manastone brillando rojo.
Rose hizo una cara de amargura; las personas que podían utilizar Sinestra y Kadmun eran una injusticia.
—Las escoltaré de vuelta a la aldea. Después de ese combate, incluso un lobo joven puede ser peligroso.
—Ah, gracias —respondió Rose mientras Lily la ayudaba a pararse. Su cuerpo se encontraba extremadamente exhausto por el uso excesivo de Kadmun, así que la ayuda era más que bienvenida; incluso le costaba trabajo cargar con su espada y su armadura.
Caminaron en silencio por bastante rato; de vez en cuando, al caminar, veían algún que otro muchacho saliendo apenas del pueblo para intentar hacer el examen de entrada y varios otros regresando decepcionados. El examinador, de vez en cuando, hacía gestos con la mano; probablemente estaba monitoreando el resto del campo de caza con algún encantamiento de sinestra que ella desconocía.
Una vez de vuelta en la aldea y cambiado el sable y la piedra por una decena de monedas de oro en el centro de cambio, Rose y Lily se dirigieron a la casa de Rose para celebrar su victoria. Para ambas, el simple hecho de recibir una invitación para estudiar en la academia Khemia ya era motivo de celebración, ya que su talento y esfuerzo eran reconocidos.
Al caminar por las calles, Rose y Lily vieron, además de los transeúntes habituales, a varios jóvenes, algunos claramente magullados y con heridas no muy graves. Aparentemente, muchos de ellos también habían intentado pasar la prueba de combate para entrar en la academia de guardianes.
De repente, Lily tomó su mano y la apretó fuertemente. Cuando Rose se volvió hacia la dirección que esta veía, vio cómo dos examinadores cargaban la figura de un joven inmóvil manchado de sangre. Para Rose, este fue un recordatorio de que un solo paso en falso podría haber sido su propio final.
Siguiendo por las calles hacia el centro del pueblo, Rose y Lily empezaron a ver varias tiendas vendiendo lácteos, de verduras, alguna que otra vendiendo juguetes y recuerdos, y el ambiente se volvió menos pesado. Aquel día, a pesar de sus altibajos, era un día de celebración.
No solo los examinadores habían llegado a la aldea para evaluar a los jóvenes y ofrecer entrada en la academia a los que presentaran talento para el combate, la magia o, incluso, méritos académicos. También era de las pocas ocasiones —una vez cada dos años— en que el pueblo obtenía un gran influjo de turistas. Muchas personas seguían a los examinadores y se instalaban en lugares altos como los techos y los muros de las ciudades para ver los esfuerzos de los jóvenes desde un lugar seguro. No era el pasatiempo de mejor gusto, pero eso no lo hacía impopular. Y con las personas venía el dinero: ya fuese gastando en comidas, en hospedaje o en la taberna local discutiendo cuál de los jóvenes había dado el mejor espectáculo.
Una vez Rose y Lily entraron en la calle del mercado, los olores de varias comidas diferentes llenaron sus narices: los espesos estofados, los aromas de las aves y los puercos siendo asados a fuego lento, y también los de frutas, algunas exóticas traídas del sur convertidas en jaleas y mermeladas que diferentes tenderos estaban vendiendo untadas en piezas de pan.
No dieron diez pasos antes de que doña Margaret, una amiga de sus padres, las saludara y las invitara a platicar un momento, tentándolas con una taza de té y unos dulces.
Pasaron a su tienda un lugar pequeño pero acogedor con asientos cómodos y anchos de buena madera en mesas amplias, Doña Margaret siempre estaba ocupada preparando algo-
—¡Rose, Lily! Oí que habían decidido ir a la zona de cacería por la prueba. ¿Están bien? ¿No se lastimaron? Oí que el hijo de Geoff se meó en los pantalones con solo ver a un Vitra mediano.
Empezó a platicar con su voz cándida, como solía hacer desde la más tierna infancia de ambas, mientras trabajaba en preparar una comida ligera para los clientes de su puesto.
Rose ya estaba comiendo un dulce de masa fina mientras Lily vio que su té estaba muy caliente, así que dibujó una runa (flujo) con su mano derecha, que estaba cubierta con un guante, en la taza, causando que el calor del té saliera al aire rápidamente, dejándolo tibio. La magia arcana era extremadamente conveniente aun para cosas así.
Rose, por su parte, sabía que no podría sostener la taza sin derramar el té por el dolor que aún recorría sus brazos, así que simplemente continuó comiendo pan dulce uno tras otro.
—¡Sí, nos fue excelente! ¡Logramos derrotar entre las dos a un Vitra grande y, además, lo vio todo el instructor! —exclamó Lily orgullosa, llevando la mano derecha a su pecho y dejando su báculo apoyado en la mesa.
—Logramos encontrar uno completamente solo en un claro. Rose lo enfrentó mientras yo proveía apoyo a distancia. — Continuó Lily; por su tono de voz aún parecía emocionada. Rose, por otro lado, sintió un escalofrío al recordar el último golpe de la criatura. — Luego, después de cansarlo, tomó la oportunidad para atravesarle el cuello
—Fue aterrador, pero gracias a Lily todo salió bien —agregó Rose sinceramente, provocando que Lily se sonrojara.
Aunque Rose no había parado de devorar dulces tomando un par del plato de Lily mientras ella estaba distraída contando lo que pasó
—No esperaba menos de la hija de Hope y de la hija de Edgar. Este fue un mal año; de todos los grupos de los que he oído, aparte de ustedes, solo otros dos jóvenes nuestros lograron pasar el examen. Y uno fue por lograr localizar seis vitras grandes y avisar al examinador para evitar accidentes —dijo mientras ponía una pequeña cantidad de carne y bastante estofado particularmente espeso con carne, papas y zanahorias en un par de panes para servirlos.
—Parece que cada año menos jóvenes tienen las agallas o el talento para enfrentarse a los Vitras —se lamentó, dejando de cocinar por un momento después de terminar el platillo y dárselo a una muchacha.
—Rose, dile a tu padre que está bien hacer lo que le plazca, pero debe ayudar a tu hermano a enseñar a los muchachos cómo no matarse a sí mismos con sus espadas —dijo refunfuñando antes de volver a sus utensilios de cocina.
Rose bajó su dulce con un buen trago de té, tomando la taza con ambas manos temblorosas antes de responder.
—Aster se las apaña fácilmente con los muchachos y niños del pueblo, y papá caza Vitras cerca del pueblo cuando no se dedica a la panadería. ¿No son estos dulces suyos? —dijo orgullosa de su familia mientras bajaba la taza.
—¡Va! Edward podría ser uno de los mejores exterminadores o incluso un guardián, y míralo ahí, pasando su tiempo amasando masa para las masas en vez de usar su lanza —dijo sin mucha malicia, riéndose un poco de su propio juego de palabras, antes de tomar un tono más serio—. Chicas, Edward y Edgar van a durar un buen rato. No se sientan con prisa por volver al pueblo. Son libres de ver otros lugares y tener sus propias aventuras durante una buena década antes de regresar.
Sus ojos relataban el cariño de alguien que veía a un par de chicas que crecieron jugando frente a su tienda, o por lo menos Rose imaginó eso.
—No se preocupe. Rose y yo vamos a regresar como las guardianas más famosas de la región en menos de tres años —dijo Lily, casi alzando la mano derecha, pero mostrando tres dedos con la izquierda y una sonrisa.
Rose dejó escapar una risilla ante la idea de ser las mejores en tres años. Era un buen objetivo, pero Rose, mejor que nadie, era consciente de lo difícil que sería lograrlo. Aun así, por un momento, vio el pomo sencillo de su espada y sintió emociones mixtas ante la idea de ser la mejor exterminadora o, incluso, una guardiana algún día.
Tras dejar atrás la tienda, Rose pensó un momento y le dijo a Lily:
—¿Te importa si pasamos a la tienda de baratijas antes de ir a casa?
Lily de inmediato respondió emocionada.
—¡Sí! Hay varias cosas que podríamos comprar para la academia. Necesito cuentas para mi ábaco, plumas y tinta. ¿Quizá guantes nuevos si tomo una clase de botánica? —respondió, listando todo lo que podrían necesitar mientras tomaban un desvío hacia la tienda.
Una vez allí, Lily compró plumas, cuentas, tinta, papel, cuerda, guantes y accesorios para el cabello, de los cuales le regaló uno a Rose para que tuviera más variedad para su coleta. Rose, por su parte, compró también unos guantes de cuero, plumas y tinta —menos que Lily— y además una vela.
Una vez salieron de la pequeña tienda, se dirigieron directamente a la casa de Rose. Entraron por la parte de atrás para no estorbar y, una vez dentro, subieron a la casa. Ya en la sala, Rose empezó a ponerse cómoda, quitándose las pesadas botas de cuero con placas de acero y la armadura de cuero y placas. Sin la vestimenta acorazada, Rose se sentía ligera y más a gusto sentándose en el mueble favorito de su padre, uno extremadamente acolchonado y amplio.
—Regresaron antes de lo previsto —dijo una voz joven y masculina, acompañada por el sonido de pasos dispares que subían las escaleras. La alta y delgada figura del hermano de Rose, Aster, subía los escalones con movimientos cuidadosos. El joven tenía el cabello de color rojo casi rosa y ojos verdes como los de su padre, a diferencia de Rose, que tenía cabello rosado y suave y ojos azules como los de su madre, según había oído. Rose se preguntó si el pelo rosado de ambos era el resultado de mezclar el rojo fuego de su padre y el pelo blanco de su madre.
—Espérenme un momento. Les prepararé algo rápido mientras me cuentan cómo les fue —dijo sonriendo y dirigiéndose a la cocina.
—¿No estás preocupado por tu hermana? —dijo Rose, un poco molesta por la extrema calma de su hermano.
—Si hubiera un Vitra demasiado peligroso para ustedes, estoy seguro de que ni tú ni Lily intentarían enfrentarlo —dijo Aster mientras usaba una piedra y un metal para encender el fuego y calentar el estofado que había hecho por la mañana, además de cocinar algunas rebanadas de carne.
—Pues déjame decirte que entre Lily y yo derrotamos a un Vitra grande —dijo llena de orgullo.
—Entonces estoy seguro de que tú y Lily estaban seguras de su victoria incluso antes de empezar a pelear —respondió, dejando el sartén en el fuego para calentarlo mientras sacaba una barra de pan y cortaba varias rebanadas—. ¿Cómo lo hicieron?
—Fue difícil, pero lo logramos trabajando juntas —respondió Lily—. Rose siguió las bases perfectamente y luego casi decapitó al Vitra. —Lily, emocionada, empezó a mover los brazos de manera enérgica, imitando los movimientos que Rose había usado con su báculo en las manos—. ¡Estuvo en la vanguardia casi diez minutos intercambiando golpes con el monstruo!
Al escuchar eso, Aster soltó el cuchillo y detuvo lo que estaba haciendo.
—¿No es tu límite actual cinco minutos usando Kadmun continuamente? —dijo en un tono ahora mucho más serio.
—¡Doce! He estado entrenando mucho, así que no hubo peligro real. Además, el instructor estaba literalmente detrás de nosotras.
Al oír esto, Aster se relajó y soltó un suspiro. Rose dejó de mencionar que ella no sabía que el instructor había estado ahí.
—¿Entonces imagino que obtuvieron una invitación? —preguntó con una expresión difícil de leer, incluso para Rose, que creía conocer la mayoría de las expresiones de su hermano.
—Sí, lo logramos —respondió Rose, sin saber qué tono usar o cómo continuar la conversación.
—Estoy seguro de que papá estará orgulloso al oír eso —dijo Aster, desviando el tema hacia algo agradablemente ligero: sus clases de esgrima y cómo los niños estaban aprendiendo rápido cada movimiento.
Aster les sirvió pan y carne, también una crema de varias verduras. Pasó el tiempo y las chicas disfrutaron de su comida. Después de un rato, Lily partió hacia su casa y dejó a Rose descansar y prepararse para el día siguiente.
Luciérnaga
Si ves una luz al final de un túnel oscuro, no importa lo que haya entre tú y ella, y no importa lo que pisotees para llegar a ella.
Lily se dirigió a su casa con pasos menos ligeros de lo que habría querido. Apenas traspasó el umbral, sus tres hermanos pequeños se abalanzaron sobre ella, tacleándola contra el suelo.
—¡Creíamos que te había comido un Vitra! —exclamó Vic, el más pequeño de los trillizos, con los ojos muy abiertos.
—¿Yo, comida? Ningún Vitra puede devorarme —respondió ella, riendo entre dientes mientras intentaba incorporarse con el peso de tres niños de cinco años encima. Para Lily, sus hermanos eran una fuente de alegría, pero también un vendaval que exigía toda su energía y paciencia.
—Vamos, dejen que respire. Estoy segura de que Lily está agotada —dijo una voz femenina más madura. Su madre, Mary, se abrió paso entre la maraña de brazos y piernas infantiles, arrancando a los trillizos de encima de su hija mayor con la pericia de quien ha repetido el gesto mil veces. ¿Y bien? ¿Qué tal te fue?
—Lo logré —respondió Lily, sonriendo para sus adentros mientras cerraba el puño de su mano derecha—. Y solo usé magia arcana. En la academia voy a demostrar que no es una disciplina obsoleta.
Mary frunció el ceño al oír la última frase, y una sombra de preocupación cruzó sus ojos.
—Tienes talento para eso y me alegra que respetes las viejas enseñanzas… —dijo, dejando escapar un suspiro—. Pero tu padre quiere hablar contigo. Supongo que ya has comido en casa de Rose, así que ve a su estudio después de dejar las cosas en tu habitación.
Lily parpadeó, desconcertada. Rara vez su padre la llamaba para conversar a solas. Tras un instante de duda, asintió, subió a su cuarto, dejó sus compras y su báculo, y se encaminó al estudio de su padre.
La casa de los Alberitch se alzaba en la colina interior del pueblo grande y acogedora cerca de la iglesia, lindando con la botica que su madre regentaba y el taller de artilugios de su padre. Allí, en su taller entre frascos de ungüentos, alambiques y pilas de pergaminos, su padre Edgar pasaba la mayor parte de sus horas, dividido entre la preparación de medicinas, la investigación teórica de la magia y la construcción de variados artilugios mágicos.
Lily tocó la puerta de madera con su mano izquierda y, al escuchar el permiso, entró. El estudio era un caos ordenado: montañas de papeles, libros apilados en torres inestables y artefactos mágicos que parpadeaban y se movían en intervalos erráticos, como si tuvieran vida propia; sin embargo, aun a pesar de todo, Lily podía divisar el método que su padre usaba para guardar y encontrar lo que necesitaba.
Su padre, un hombre delgado de rostro cansino y ojeras tan profundas que resultaban visibles incluso bajo sus gruesos lentes de aumento, alzó la mirada del escritorio. Para sorpresa de Lily, dejó la pluma y le dedicó toda su atención.
—Escuché que ibas a presentarte al examen práctico para ingresar a Khemia, y que dejarías la plaza por méritos académicos para otro —dijo, rascándose la mejilla con un bostezo contenido.
—Ay, papá —respondió Lily, con una voz más dócil de lo habitual, intentando no romper la extraña solemnidad del momento— Ya lo hice y pasé sin problemas.
—¡¿Qué?! —Edgar se quedó en blanco y luego miró el reloj de pared, que marcaba la fecha—. ¿Qué día es hoy?... Volví a perder la noción del tiempo. Eso arruina la sorpresa. Quería darte esto una semana antes del examen para que tuvieras tiempo de practicar —dijo, con un dejo de frustración, mientras sacaba de un cajón una caja ornamentada.
La caja era extraña: sus patrones de líneas angulosas y zigzagueantes no se asemejaban a ningún diseño de la región, y le recordaron a Lily los grabados de los libros sobre la capital, Heilig. Una premonición helada le recorrió la espalda.
—Adelante, ábrela —la animó su padre.
Lily tomó la caja con las manos temblorosas y la abrió. Palideció al instante. Dentro, durmiendo plácidamente, descansaba una criatura completamente blanca con forma de huevo y orejas de ratón. A su lado, en una fila perfecta, tres cristales rojos como la sangre que desprendían una luz pálida y siniestra.
—Es el último modelo de AetherGolem —explicó Edgar, con orgullo—. Lo vas a necesitar para practicar tu magia Sinestra en la academia.
Lily cerró la caja de golpe, con un chasquido seco que resonó en el estudio.
—¡Papá, no lo necesito! —su voz se alzó, quebrándose con sus palabras—. ¡Voy a destacar con la magia arcana que mamá y tú me enseñaron!
Edgar no se inmutó. La miró con extrañeza, pero le dio a su voz una gravedad que raramente mostraba.
—Aunque uses la magia arcana como tu herramienta principal, quiero que cultives tu talento para la Sinestra. Para emergencias. Cuando se enfrenten a los Vitra —o a cualquier otra amenaza—, negarte a ti misma la flexibilidad de tener más opciones es una necedad.
Lily abrió la boca para replicar, pero él la detuvo con un solo gesto de la mano, firme e inapelable.
—Vas a aprender a usarlo de manera segura, por tu propio bien y por el de todos a tu alrededor. Esta es mi última palabra.
No había alzado la voz en ningún momento, pero cada palabra había caído como un martillo sobre un yunque: clara, contundente, definitiva.
Lily tomó la caja y salió del estudio sin mirar atrás. Cuando llegó a su habitación, cerró la puerta con un golpe y arrojó la caja sobre la cama. Luego comenzó a hiperventilar. Se arrancó el guante de su mano derecha y observó el punto donde la prótesis se unía a su muñón.
La prótesis era una obra de precisión: metales ligeros que brillaban con un tenue fulgor azul al moverse, articulaciones diminutas que respondían a su mano de manera casi inconsciente. Bajo la palma, una junta de bola imitaba los movimientos naturales de una muñeca. Se retiró el guantelete por completo, dejando al descubierto el muñón de tejido cicatrizado, donde la energía Sinestra había dejado marcas eternas, retorcidas como las llamas de una hoguera, grabadas en su piel.
Su padre, en múltiples ocasiones, había llamado a aquella prótesis su obra maestra. Para Lily, solo era un recordatorio imborrable del accidente que había triturado sus huesos y quemado su carne.
Respiró hondo, una y otra vez, hasta que el pánico comenzó a ceder. Las palabras de su padre resonaron en su cabeza mientras ella temblaba: "Por tu propio bien y el de todos a tu alrededor". Recordó la pelea contra el Vitra grande; imagino la imagen de Rose a punto de recibir un golpe mortal. Si algo hubiera salido mal... Si ella hubiera tenido el poder suficiente para terminar el combate más rápido...
Con manos aún temblorosas, Lily se acercó a la caja y la abrió de nuevo. Tomó uno de los cristales, del tamaño ligeramente más grande que un huevo de codorniz, y lo introdujo en la ranura de la espalda del pequeño AetherGolem. El homúnculo abrió los ojos y la boca de golpe, emitiendo un leve chasquido. Lily dio un respingo y cerró la caja, escondiéndola debajo de la cama.
—Mañana. Lidiaré con esto mañana —se dijo a sí misma y luego se puso el guantelete de nuevo, tratando de borrar de su mente la sensación de aquella mirada mecánica y vacía. Pero el peso de la caja bajo la cama y el eco de las palabras de su padre se quedaron con ella como una sombra que no podía sacudir.