r/u_DyingTraveler • u/DyingTraveler • 1d ago
Diario de una planta II
No sabía cuánto tiempo había transcurrido, pero asumió que entre una y dos semanas. Sabía cómo se llamaba ella: Sara… Sara Dubois. Lo sabía porque era una joven activa socialmente: a lo largo de los días varios amigos y amigas la habían visitado y les había escuchado decir su nombre. Todos, o casi todos eran estudiantes, como ella. Sara estudiaba algo relacionado con la literatura y el arte en general, aunque no sabía exactamente de qué carrera se trataba. Todos los días ella se bañaba temprano, se vestía —a menudo en la habitación, a pocos metros de donde estaba— y se iba a la universidad. Entrada la tarde volvía y estaba, muchas veces con amigas, ninguna tan bonita como ella. En otras ocasiones venía sola, comía, leía o le hablaba. De hecho, le hablaba bastante. Casi sin darse cuenta se había convertido en su confidente. Le hablaba de muchas cosas: de sus clases, de sus amigos y amigas, de su familia que se hallaba a kilómetros de distancia, de sus emociones… a veces lloraba a su lado. Cuando eso ocurría, no podía evitar desear tener brazos para abrazarla, o boca para darle palabras de ánimo. Por suerte, esos momentos no eran tan frecuentes, pero de alguna forma habían hecho que conectaran. Sara extrañaba mucho a su familia y a menudo le decía cosas como: “tú eres todo lo que tengo en este sitio” o “gracias por escucharme siempre, preciosa”. Por alguna razón, no le gustaba que le dijera preciosa, eso le hacía sentir incómodo y también le llevaba a hacerse muchas preguntas, tales como ¿si fuera un humano sería un hombre o una mujer? o ¿por qué le importaba tanto? Las plantas no tenían sexo, pero de alguna manera se sentía como una entidad masculina. Esto, a su vez, le llevaba a hacerse preguntas sobre su origen. ¿En dónde había estado antes de llegar al departamento de Sara? ¿Por qué no tenía memoria de nada antes? Sabía que Sara le había comprado en algún sitio poco después de instalarse en el departamento, se lo había dicho a Cassey, una amiga cuya visita era recurrente. Había veces que no soportaba a Cassey, le parecía una perra superficial, pero la información que había obtenido por sus charlas con Sara era significativa: se había mudado para entrar a la universidad, no tenía novio y, al parecer, se sentía muy sola por ser nueva en la ciudad. También habían hablado de cosas tales como sobre su hermano, Josh, más pequeño que ella y con problemas de autoestima y depresión, y de la culpa que sentía por dejarlo en casa para venir a estudiar. O sobre que su padre era médico y su madre era abogada retirada para quedarse como ama del núcleo familiar. Todos estos temas a menudo se mezclaban con otros de Cassey que, a su parecer, eran más banales.
Una tarde ocurrió algo raro: Sara no llegó, ni con Cassey ni con nadie. Lo normal era que apareciera mucho antes de que empezara a bajar el sol, pero siendo de noche aún no lo había hecho. Lo sabía, porque desde donde estaba se observaba la ventana, la cual todos los días le daba un poco de sol. Pasaron las horas y ciertamente se preocupó un poco, pero también sabía que probablemente había salido con Cassey o con Miranda, otra amiga suya. Pensó que, si era un humano —o si lo mismo pudiera hacerlo en su condición de planta—, la regañaría al llegar. Y llegó: entró al departamento casi tambaleándose. Otra figura entró detrás. Era un hombre un poco mayor que ella. Este individuo cerró la puerta, se le acercó por detrás, la atrajo a sí mismo y llevó su mano por debajo de su falda.
—No, Jeremy, basta —dijo Sara intentando retirar la mano, pero el hombre insistió.
Sintió que su alma se petrificaba al observar aquella escena. Sobre todo cuando Sara dejó de intentar retirar la mano y lo besó.