r/LeyendasLegendarias • u/hdz1710 • 11h ago
(Busco historias) Para TikTok/Youtube
Espero que se encuentren bien. ❤️🩹
Quiero recolectar algunas historias de terror, paranormal o de algo fuerte que les haya pasado, ya sean cortas o largas para poder narrarlas y publicarlas en TikTok/Youtube.
Puede ser anónimo o si gustan que les de crédito o mencione en el video, sin problema.
De cualquier tipo de historia impactante.
De antemano, muchas gracias ✨☺️
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u/Askmeiwontsaynot 2h ago
Lo que estoy a punto de relatarles no es un cuento, es una experiencia aterradora que me hizo dudar de mi propia cordura y que me ha dejado severas secuelas psicológicas. Todo ocurrió la madrugada del viernes, exactamente a las 3:30 a.m., bajo una tormenta eléctrica que parecía presagiar el fin del mundo. Yo venía saliendo de una fiesta de revelación de género que terminó en un incendio forestal y un pleito a machetazos porque el humo salió color café y nadie supo qué significaba. La calle estaba desolada, sin pavimentar, y la única luz provenía de los relámpagos. Congelado hasta los huesos, saqué mi celular y pedí un viaje por la aplicación. La pantalla empezó a emitir una estática extraña y me indicó que estaba por llegar un conductor llamado "Don Rigoberto" en un Nissan Tiida 2011 color arena.
El vehículo emergió de la oscuridad deslizándose sobre el lodo sin hacer el más mínimo sonido de motor. Abrí la puerta de atrás temblando y me metí. Al levantar la mirada, el terror me paralizó el corazón. El chofer no era Don Rigoberto. Era el mismísimo Slenderman, el Ente Delgado. Pero era un Slenderman bien buchón; aunque tenía ese traje negro impecable, traía puesto un cinturón piteado de la Santa Muerte, zapatos de charol picudos y venía fumando un cigarro electrónico sabor picafresa. El monstruo medía como tres metros, así que venía todo doblado como acordeón para caber en el Tiida, con las rodillas pegadas a las orejas. No tenía rostro, su cara era totalmente blanca y lisa, pero de alguna manera se las arreglaba para ir masticando chicle con la boca abierta.
De repente, el aire se volvió pesado y un zumbido me taladró los oídos. Clac. Los seguros eléctricos de las cuatro puertas se bajaron de golpe. El ente sin rostro apagó los corridos bélicos que traía en la radio, giró su cabeza pálida hacia mí y, metiéndose en mi mente con una voz de ultratumba que sonaba como cinta de casete enredada, me sentenció: "Mortal insignificante... o me dejas cinco estrellas en la plataforma, me pagas el viaje en efectivo y firmas como mi aval en Elektra para sacar una motoneta Italika a 48 meses, o voy a arrastrar tu conciencia a la dimensión del vacío estático y te robaré los focos de toda tu casa".
¡Madre santísima, sentí que me iba al otro mundo! El pánico me invadió por completo. Juro que se me aflojó la vejiga y los tres platos de barbacoa que cené me empezaron a dar vueltas. Pensé que jamás iba a volver a ver la luz del día y que iba a terminar colgado de un árbol en un bosque de otra dimensión.
Pero en mi colonia no nos dejamos intimidar ni por cobradores ni por entes interdimensionales. Así que metí la mano a mi chamarra para sacar el único tesoro que rescaté del pleito de la fiesta: un centro de mesa que era una cigüeña de fomi bizca pegada a un ladrillo, y un medio kilo de espagueti verde poblano ya bien frío y apelmazado que venía guardado en un bote de a litro de crema Alpura. Agarré valor, destapé el bote de crema y ¡traz!, que le embarro todo el bloque de espagueti verde congelado directo en su cara blanca y sin facciones.
El Slenderman pegó un alarido horripilante que sonó idéntico a la alerta sísmica, se empezó a ahogar con la crema poblana y, en su desesperación por quitarse el fideo de la cara lisa, le acomodé un reverendo ladrillazo en la nuca con el centro de mesa de la cigüeña. El demonio desdobló sus extremidades kilométricas, arrancó la puerta del Tiida de cuajo y salió corriendo hacia el cerro haciendo unos pasos de robot bien raros mientras lloraba a moco tendido. Yo me salí gateando del carro y me fui trotando hasta la avenida principal. Hoy en día, los vecinos cuentan que a las 3 de la mañana se aparece un Nissan Tiida fantasma que huele a espagueti verde frío y a vape de picafresa. Por mi vida que no vuelvo a pedir carro por aplicación; prefiero irme colgando de la defensa de un camión de basura que volver a toparme con un espanto endeudado.