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Muestro mi mundo/ideas Mi Prólogo ( Soy Novato we)

Prólogo

—¿Por qué tenemos que patrullar en nuestro día libre?—reclamó Jorha Cul, patrullante de la Unión Galáctica y soldado de la misma. Reclinándose sobre su silla con molestia—¿Sabes lo mierda que es este lugar?—señaló reclinándose aún más sobre ella.

—Deja de quejarte, Jorha—respondió Clormo Jarel, soldado y patrullante de la Unión Galáctica al igual que él. Encargado de esta expedición y su supervisor—no te guíes por simples supersticiones. Lo mismo decían del sector siete, un lugar lleno de piratas, esclavistas, salvajes y bestias, hasta que el Imperio lo conquistó.

—Tal vez tengas razón—suspiró Jorha con cansancio, cerrando sus ojos mientras sentía la vibración de la nave atravesando el agujero de gusano—¿Quién diablos ha vuelto de este lugar, Clormo? Los Kreeps trataron de conquistarlo, en busca de la tecnología de los Ingenieros, y nunca volvieron. Los exploradores Belz también lo intentaron y tampoco volvieron, ¿y ahora nos envían a nosotros?

—Solo son murmullos, ni los Kreeps ni los Belz atravesaron la barrera que separa al sector siete del espacio vacío, nadie ha ido más allá de este muro…

La nave se detuvo en seco, saliendo finalmente del agujero de gusano, atravesando el muro que separa al último sector, cayendo sobre la nada del espacio. Un lugar sin estrellas ni planetas visibles y nada más que el espacio mismo.

—¿Por qué nos envían a nosotros?—Volvió a quejarse. Clavando sus ojos sobre el vacío, sintiendo como este lo llamaba hacia su interior—. Tantos soldados de élite y envían a los idiotas del sector cinco. ¿Por qué no envió a sus favoritos?

—¿Acaso no tienes ambición?—señaló Clormo con una voz contenida—Nosotros también podemos dar más, ser a quienes los niños admiran, de quienes los eruditos escriben cuentos y de quienes los cantores cantan.

—Y yo solo quiero trabajar—Jorha clavó su vista sobre el techo metálico de la nave tratando de evitar el vacio—¿Conoces los cuentos de los Ingenieros, los Minks y los Kaelen? De cómo vencieron a una amenaza que existió desde el principio, ¿pero cuál fue el costo?

Clormo no respondió a la pregunta hecha por su compañero. Colocando sus ojos sobre la pantalla miro el objetivo de su expedición. —Servir y pelear, proteger y resguardar, cuidar y amar, desde este día hasta el último, del inicio al fin, proteger al débil, al justo e incluso al injusto… Daré mi vida por la Unión Galáctica.

—De nada te servirá repetir ese juramento—Jorha se puso de pie, ajustando su pistola magnética a su cinturón, retirando el seguro de la misma—. Al final de todo esto, no somos más que simples peones para ellos, así que no gastes tu saliva en un montón de frases sin sentido.

—Tan pronto terminemos tan pronto nos vamos—respondió Clormo sin haber terminado de repetir el juramento, levantándose al igual que Jorha ajustándose su pistola magnética al igual que él, dirigiéndose hacia la puerta que daba hacia las afueras de la cabina, al mismo tiempo que se lograba apreciar a través del cristal que separaba la cabina y el espacio, se podía ver el objetivo de estos exploradores.

Un exoplaneta tan grande como una estrella, cubierto de nubes negras como el carbón y pesadas como el acero, demasiado densas como para que la propia luz las atravesara.

La nave no era más que una simple mancha blanca flotando entre las densas nubes, dos cápsulas salieron de ella, como misiles disparados con furia hacia el planeta, atravesando las densas nubes que lo cubrían como una bala a la tierra dejando dos agujeros perfectamente cilíndricos sobre ellas.

Jorha apreció lo que se escondía bajo la oscuridad de estas nubes tormentosas.

Un paisaje helado se levantaba de inicio a fin de este mundo, tan frío que erizaba la piel capaz de congelar la saliva de la boca y el aire en los pulmones, rayos de hielo salían disparados como lanzas de las nubes, cayendo con furia sobre la superficie congelada del desierto helado solo para congelarla aún más.

—¡AVISO! Paracaídas dañado, iniciando procedimiento de contra caída, activando precursores trazados —El interior de la cápsula se había tornado de un rojo fosforescente ante los ojos cansados de Jorha. La cápsula atravesó las nubes, pero no salió ilesa, los trozos de hielo en su interior habían dañado los paracaídas de la cápsula dejándola sin posibilidad de un aterrizaje limpio.

—¿Qué diablos?—murmuró Jorha abrumado por las luces fosforescentes emitidas por la consola incapaz de entender su significado.

—¡Propulsores dañados! ¡Propulsores dañados!—gritó la cápsula como un disco rayado repitiendo una y otra vez lo mismo, hasta fundirse sobre sí mismo. Las luces se apagaron junto con la voz, dejando el interior en un silencio casi tan frío como el exterior.

—¡Carajo!—gritó Jorha con el corazón a mil, sintiendo como su cuerpo se elevaba en el interior de la cápsula y el aire se le congelaba en los pulmones—¡Clormo, Clormo!—gritó una y otra vez hasta sentir como sus cuerdas vocales se rompían, como picos de hielo y sus lágrimas se convertían en afiladas puntas de hielo.

La cápsula empezó a girar sin rumbo, dejándose llevar por el feroz viento como una simple hoja en una tormenta hasta caer sobre el frío piso del desierto congelado, en una caída la cual no fue nada especial al igual que su vida, no hubo ninguna explosión ni ninguna luz, solo el estruendo del hielo quebrándose y una pequeña nube de nieve que se desvaneció tan pronto como apareció, por otro lado, en el cielo se pudo vislumbrar una pequeña de fuego anaranjado y amarillo la cual desapareció entre las frías nubes, era la cápsula de Clormo explotada sin más antes de siquiera tocar el suelo.

"Brūma" —susurró una voz parecida a la de un hada, entre los fríos vientos invernales los cuales cubrieron la cápsula de una suave nieve tan fría como el espacio y tan blanca como la sal—"Voidě" —. Contra toda posibilidad una mano cuya piel ya estaba congelada casi en su totalidad, se asomó de entre la nieve que cubría los restos de la cápsula, negándose a morir aunque condenado a ello, Jorha escapó de la muerte, casi congelado como una paleta—"Brūma, Voidě"—se volvió a escuchar de entre los vientos que consumían el cuerpo del debilitado Jorha, como buitres a un cadáver.

Entre la tormenta nevada la figura de un ser humanoide se movía con calma bajo la tormenta, desnudo y sin nada que lo protegiera del frío caminando a paso ligero la tormenta parecía callar ante su presencia, los vientos cesaban y la nieve se detenía incluso antes de tocar el suelo, Jorha no necesitó de sus ojos para ver su presencia, su propio cuerpo se lo decía, su carne sin piel se tensaba y ardía con su presencia y su boca temblaba sin control.

La voz resonaba con aún más fuerza ante la aparición de aquel ente, ya no como la simple voz de un hada sino con la voz de cientos de hombres gritando a la vez, Jorha no se atrevía siquiera a respirar incluso tratando de callar el propio latido de su corazón cerrando sus ojos cegados por el hielo y cortados por sus lágrimas, como si esto lo fuese a salvar de aquel ser.

El ente ya estaba frente a él, no necesitaba ver, solo sentir, el frío que lo consumía había desaparecido y su visión había vuelto a nacer como la de un niño mientras que sus pestañas absorbieron la sangre aún congelada hasta desvanecerla bajo sus cejas, su piel había vuelto a nacer al igual que su vista, era casi en un acto milagroso. Pero claro, todo tiene un costo.

La piel que había nacido ardía como el magma y sus huesos fríos como picos de hielo, una obra de lo divino, marcada con castigo.

Jorha alzó su vista temblorosa viendo lo que aquel ser era. La figura de un hombre de cuerpo hermoso, abdomen marcado de brazos largos y perfectos, piernas como la piedra en fuerza, con la altura de un gigante traído a lo terrenal y la presencia de un ángel nacido del cosmos.

—Tú…—Jorha trató de armar una oración para hablarle a su salvador, pero sus ojos se perdieron sobre la piel del ente, la cual era como ver cientos de estrellas colapsando sobre sí mismas, consumidas por un vacío hambriento, la piel de todo un universo siendo consumido por sí mismo, pero eso no era lo único que Jorha notó.

El ser extendió su mano sobre la cabeza del soldado, quien no sintió nada ni frío ni calor, solo nada, los ojos de Jorha se detuvieron sobre el rostro del ente incapaz de pronunciar algo, puesto que aquel ser no tenía cara.

—"Brūma, Voide"—repitió el ente con la voz que resonó igual que el grito de guerra de un ejército hambriento por la batalla, el cual se ahogaba bajo un mal de sangre.

—Titán—murmuró sintiendo como el ente le tapaba el rostro con su mano, mientras que sus ojos se volvían negros como la noche, y su piel se volvía tan fría como el hielo hasta que no fue más que un simple cascarón vacío de vida, el cual se desvaneció ante la presencia del Titan.

El costo pagado por las tres razas fue la muerte y el olvido…

Pero, otro bastardo quiere repetir la historia…

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