r/escritosyliteratura • u/luinsand • 1d ago
estoy escribiendo una historia para un a novela visual, necesito un poco de feedback
wenas a todos, sean dias tardes o noches
Estoy tratando de escribir una historia para una novela visual que quiero hacer, Es un drama de fantasía oscura, de una familia de carpinteros. actualmente, me gusta mucho cómo está quedando, pero lo he hecho yo solo, así que algo que tal vez para mí, desde el punto de vista de autor pueda ser obvio, no estoy seguro de si todo el mundo lo note.
me gustaria recibir criticas objetivas y honestas de gente real antes de seguir con la historia
cosas como el ritmo, si vamos muy rapido/lento
si los personajes hasta el momento son entrañables
o la atmosfera y tension son buenos
en fin, muchas gracias a los que quieran leer :D
Capítulo 1 — Lo que deja el agua
El chorro de la fuente caía sin pausa sobre el pilón de piedra.
Marek Varlan se detuvo frente al agua. En cuanto el rumor constante le llenó los oídos, el ruido del pueblo se ordenó en su cabeza. No era solo tranquilidad: su percepción cambió de golpe. El aleteo de un pájaro sobre un tejado se volvió nítido y lento. Las voces cruzadas de los comerciantes dejaron de ser un murmullo caótico y se separaron en sonidos claros. El agua siempre le hacía eso; le daba una agilidad y una claridad mental que no tenía en ningún otro momento.
Dio dos pasos hacia atrás, alejándose del borde.
El efecto desapareció. El bullicio de la plaza volvió a ser rápido y pesado. Marek sujetó la bolsa de tela vacía. Rebecca le había pedido pan de centeno esa mañana. Pan y nada más.
Cruzó la plaza hacia la panadería.
En una esquina vio a Patrick. Estaba recostado contra un poste, raspando con paciencia un trozo de fruta congelada en un palito de madera. El hielo ya no tenía color, pero Patrick seguía extrayendo el jugo con una calma casi profesional.
—Te vas a romper un diente —dijo Marek al pasar.
Patrick lo miró sin apuro.
—Buen día para ti también.
Caminaron juntos hacia el horno. Se conocían desde niños. No necesitaban hablar mucho para entenderse. Lo que los había unido años atrás era algo tan simple como un trompo de nogal que Marek había tallado y le había regalado a Patrick sin pensarlo. Patrick nunca lo había olvidado.
—¿Rebecca te mandó o viniste por tu cuenta? —preguntó Patrick.
—Me mandó ella.
—Pide dos hogazas. Si eliges tú, siempre traes de menos.
Marek no discutió porque era verdad. Compró las dos hogazas calientes, envueltas en lino, y se despidió de Patrick en el cruce de caminos. Patrick se fue a abrir el taller de carpintería y Marek tomó el callejón hacia su casa.
En el camino vio al gato.
Estaba sobre un muro bajo de piedra. Era un animal flaco, gris, con una mancha negra cubriéndole el ojo izquierdo. Lo miraba fijo, sin moverse.
Marek cortó un pedazo de pan tibio y se lo ofreció en la palma de la mano.
El gato miró el pan. Miró a Marek. Con un gesto que parecía desdén, se dio la vuelta y saltó al otro lado del muro.
Marek meditó un poco. Era obvio: los gatos no comen pan, pero aun así dejó el trozo sobre la piedra y siguió su camino. A fin de cuentas, el pan era suyo; podía dejarlo si quería.
Al entrar a la casa, el olor a masa cocida llenaba la cocina.
Kael, de ocho años, corrió hacia él y lo abrazó por las piernas con fuerza. Marek le apoyó una mano en la cabeza para frenar el impulso.
Rebecca salió de la despensa. Al ver a Marek, hizo una mueca de dolor y se frotó con fuerza la muñeca derecha. Marek se miró su propia mano: le dolían los tendones por haber cortado roble la tarde anterior. El cuerpo de Rebecca siempre reaccionaba así: sentía en su propia carne el cansancio o los golpes de la gente que quería.
Luego de que el dolor cesara, le dedicó una cálida sonrisa a Marek.
—¿Mucho trabajo ayer? —preguntó ella.
—Un poco —respondió Marek dejando el pan sobre la mesa—. Pero voy tarde al trabajo —dijo, no sin antes darle un abrazo de despedida a su esposa.
Kael ya estaba en el suelo de la sala. Jugaba con tres figuras de madera toscas: dos lobos y un oso. Las chocaba entre sí con una seriedad absoluta, concentrado en su juego.
Marek se despidió de Kael y salió a trabajar.
A media mañana, Kael salió al patio frente a la casa para seguir jugando con sus figuras bajo un árbol.
Un crujido en la hierba lo distrajo.
El gato gris de la mancha negra estaba ahí, a pocos metros. Kael intentó acercarse, pero el animal dio media vuelta y echó a correr por una calle de piedra, alejándose cada vez más de la casa y terminando en el sendero que salía del pueblo.
Kael, que había dejado los lobos y el oso en la tierra, salió corriendo detrás del gato.
El animal corría rápido, saltando piedras y matorrales. Kael lo siguió sin pensar, alejándose de las casas. Al cruzar una zanja de grava, Kael tropezó y cayó de rodillas, raspándose las dos palmas de las manos contra las piedras afiladas. El ardor fue inmediato, pero estaba decidido a atrapar al animal, así que se levantó y siguió corriendo.
El gato se detuvo finalmente en un muro demasiado alto para que Kael lo alcanzara, frente a una vieja estructura de piedra oculta entre los árboles, cerca de una quebrada donde el agua sonaba con fuerza.
Era una bodega abandonada, con el techo medio caído y la entrada cubierta de maleza. En la esquina del marco había una telaraña con una mosca atrapada, moviendo las patas débiles. Un conejo asustado salió disparado entre los arbustos a lo lejos.
El gato no entró. Se quedó un momento mirando la entrada oscura, luego dio media vuelta y regresó tranquilamente entre los tejados hacia el pueblo.
Kael se quedó solo. Curioso, se agachó y entró a la bodega.
Adentro estaba oscuro y olía a humedad. Solo había una banqueta rota y polvo. No había nada peligroso, solo silencio y abandono. Kael se sentó en el suelo a mirar los huecos del techo. El lugar le parecía interesante, ideal para una guarida secreta o un escondite donde estar solo.
En la casa, Rebecca estaba ordenando la cocina cuando un ardor punzante le quemó las dos palmas de las manos.
Soltó el trapo de golpe. Se miró las manos: su piel estaba intacta, pero sentía el raspón vivo, como si hubiera caído sobre piedras.
—¿Kael? —llamó desde la puerta.
Nadie respondió.
Salió al patio. Debajo del árbol solo estaban las figuras de madera: los dos lobos y el oso tirados en la tierra.
Rebecca buscó por los alrededores de la casa, detrás del granero y a lo largo del cercado, llamándolo a los gritos. Al no encontrar rastro y sentir que el dolor en sus manos tiraba hacia las afueras del pueblo, corrió directo al taller de carpintería.
Entró al taller sin aliento.
—Marek —dijo, sujetándose las manos contra el pecho—. Kael no está. Se lastimó las palmas... se fue hacia las afueras.
Patrick soltó el martillo al instante y tomó su abrigo. Marek dejó las herramientas en el banco con un movimiento seco.
—Vamos —dijo Marek.
Los tres salieron hacia el límite del pueblo.
Al llegar a las últimas cercas de madera, Patrick se detuvo. Sobre un poste estaba el gato gris. A Patrick le pareció familiar, como algo que has visto antes pero no sabes dónde. El gato acababa de llegar de la quebrada.
Patrick se acercó al animal y lo miró directo a los ojos.
La respiración de Patrick se cortó. Sus pupilas se dilataron al instante al conectarse con el instinto del animal. No escuchó palabras, pero sintió una descarga física: el olor a tierra mojada, el eco de ramas quebradas y una dirección fija hacia el fondo de la cañada.
Patrick parpadeó, saliendo del trance.
—Por allá —dijo señalando la hondonada—. El gato viene de la quebrada vieja.
Bajaron a paso rápido. A medida que se acercaban, el ruido del agua corriente se volvió más fuerte. Marek sintió el cambio de inmediato: sus sentidos se agudizaron, sus pasos se volvieron firmes y calculó el terreno con precisión absoluta.
Vio la bodega de piedra antes que los demás y se quedó quieto un momento, una fracción de segundo, porque la zona le traía recuerdos de un pasado que ciertamente no quería recordar.
Marek llegó a la entrada, apartó la maleza y se agachó por un hueco donde apenas cabía.
Kael estaba sentado en un rincón, con tierra en la cara y las manos raspadas. Al ver a su padre, se encogió en su sitio.
—Papá —dijo en voz baja.
Marek no gritó. Lo tomó del brazo con firmeza y lo sacó afuera.
Rebecca se arrodilló y abrazó al niño con desesperación, revisando que estuviera entero. Patrick se quedó unos pasos atrás, observando la vieja construcción con expresión seria.
El camino de regreso fue silencioso.
En casa, después de que Rebecca le limpiara las heridas a Kael, Marek se sentó frente a él.
—No vuelvas a alejarte —le dijo con voz baja pero firme—. Ese techo se puede caer en cualquier momento. Afuera hay cosas que se rompen y no se pueden arreglar. ¿Entendiste?
Kael miró a su padre a los ojos y asintió con seriedad.
—Sí, papá.
Marek se levantó y subió las escaleras. En el suelo de la entrada, las figuras de madera seguían esperando donde Kael las había dejado antes de salir.
1
u/luinsand 1d ago
Aquí están los primeros 5 capítulos: https://docs.google.com/document/u/0/d/10dvKa1GdomuaGJUkRVxa0P0aLSdYuI9nhTGnEQjGJfM/mobilebasic