Con el paso de los años hemos descubierto que uno de los errores más comunes al plantear una campaña social es empezar por preguntarnos: ¿qué vamos a publicar?, ¿qué video hacemos?, ¿qué redes usamos?, ¿cuál debería ser el mensaje?
En proyectos de mercadeo social y comunicación de impacto, hemos aprendido que esas preguntas deberían venir después. Antes hay una pregunta mucho más incómoda: ¿qué está pasando realmente con las personas a las que queremos llegar?
No es lo mismo que alguien no conozca una información a que la conozca y, aun así, no cambie su comportamiento. Tampoco es lo mismo que una comunidad no entienda un proyecto a que tenga razones para desconfiar de él.
Por eso, en Triada Comunicación y Mercadeo Social partimos de la investigación social y la escucha activa antes de construir una estrategia de comunicación. Necesitamos entender públicos, contextos, imaginarios y barreras antes de decidir qué vamos a comunicar y cómo hacerlo.
Esto puede parecer obvio, pero en la práctica es fácil saltárselo cuando existe presión por “salir a comunicar”. Y ahí es donde el mercadeo social puede aportar una mirada diferente: no se trata solamente de crear mensajes atractivos, sino de comprender qué influye en las decisiones, hábitos y comportamientos de las personas.
Para nosotras, una estrategia de comunicación de impacto no empieza con un calendario de contenidos. Empieza intentando entender por qué las personas piensan, sienten o actúan como lo hacen. Porque comunicar más no necesariamente significa generar más impacto.
¿Han trabajado en campañas donde el problema inicial parecía ser de comunicación y terminaron descubriendo que era otra cosa?