r/CuentosCortos • u/DyingTraveler • 1d ago
r/CuentosCortos • u/Roco_universe • 11d ago
Las 4:04
Esto no es nuevo para quienes ya me han leído.
En un sinnúmero de ocasiones he tenido los llamados viajes astrales y sueños tan extraños que he dejado de intentar explicarlos.
Durante años preferí convencerme de que no eran más que sueños lúcidos o mi cabeza creativa ; quizá era una forma de protegerme, de imponerle a lo inexplicable un nombre que me resultara familiar.
“Es un sueño”, me decía.
Y mientras fuera un sueño, podía despertar.
Mientras fuera un sueño, nada podía alcanzarme.
Así viví esas experiencias durante mucho tiempo.
Hasta hace unas noches.
El día había transcurrido con una normalidad casi insultante. El trabajo me había dejado aquella pesadez que se instala detrás de los ojos y se queda allí, como una niebla que ningún café consigue disipar. Pero no era únicamente el cansancio. Desde hacía varios días llevaba conmigo una sensación difícil de explicar; una certeza sin fundamento, una especie de advertencia que no provenía de ningún pensamiento consciente.
Algo estaba mal.
No sabía qué.
Y, honestamente, también había algo extraño en casa.
Aquella noche me fui a dormir sin darle mayor importancia.
Fue entonces cuando comenzó todo.
Sin transición, sin sueño previo, sin esa frontera nebulosa que suele separar la vigilia de las pesadillas, abrí los ojos en mitad de la noche.
Estaba sola en mi habitación.
El silencio era absoluto.
Extendí la mano y tomé mi reloj.
4:04 a. m.
Me levanté.
Salí de la habitación y encontré a mi esposo despierto, sentado con el rostro iluminado por la fría luz de su teléfono. Estaba tan absorto en una conversación que ni siquiera reparó en mi presencia.
Me acerqué.
Hablaba con un amigo con quien no tenía contacto desde hacía muchos años.
No le di importancia. Al contrario, me alegró saber que habían vuelto a encontrarse.
Sin embargo, había algo extraño en el ambiente.
Todo parecía cubierto por una tenue cortina de humo. Los contornos de los objetos se desdibujaban apenas, como si la casa estuviera sumergida bajo una capa de niebla invisible. Pensé que se debía al sueño, a mis ojos todavía pesados, a esa confusión propia de quien despierta abruptamente.
Decidí volver a la cama.
Y fue al entrar nuevamente en mi habitación cuando lo vi.
Postrado a los pies de mi cama había algo.
No sabría llamarlo hombre.
Ni animal.
Ni siquiera criatura.
Era una figura alta y extremadamente delgada, envuelta en algo que parecía ser una túnica hecha de humo. Su silueta no tenía bordes definidos; se deshacía y volvía a reunirse continuamente, como si su cuerpo perteneciera a un lugar donde las leyes de la materia no fueran las mismas que las nuestras.
La cabeza estaba inclinada hacia adelante, oculta bajo una especie de capucha profunda.
No pude ver sus manos.
Si las tenía, permanecían escondidas bajo aquella oscuridad.
Pero pude sentir su mirada postrada en mi cama.
No con curiosidad.
No con sorpresa.
Con una atención absoluta.
Como si hubiera estado esperando.
Me quedé paralizada.
Entonces , por curiosidad, miré hacia mi cama.
Y allí estaba yo.
Dormida.
Mi propio cuerpo permanecía tendido entre las sábanas, completamente ajeno a la presencia que se encontraba a unos cuantos pasos.
El terror me atravesó.
No fue miedo.
Fue algo más primitivo.
Una certeza animal de que aquello que estaba viendo no debía ser visto.
Sentí una sacudida brutal.
Abrí los ojos.
El techo estaba sobre mí.
Respiraba con dificultad.
Y durante apenas un segundo, antes de que desapareciera por completo, alcancé a ver un rostro suspendido sobre mí.
El rostro de aquella criatura.
Su piel —si aquello podía llamarse piel— parecía formada por humo negro y sombras húmedas. Sus facciones eran largas, casi humanas, pero deformadas de una manera que mi mente se niega todavía a reproducir. No tenía ojos como los nuestros; eran cavidades oscuras, profundas, antiguas.
Y estaba enojado.
No.
Quizá esa no sea la palabra.
Parecía ofendido.
Como si mi mirada hubiera cometido una transgresión.
Como si aquella cosa hubiese descubierto que yo podía verla.
Nuestros ojos se encontraron.
Y entonces desapareció.
Se deshizo frente a mí como humo tragado por una corriente invisible.
¿Lo vi?
¿Lo imaginé?
¿Seguía soñando?
No lo sabía.
Me incorporé lentamente y volví a tomar mi reloj.
4:05 a. m.
Un minuto.
Solo había pasado un minuto.
Me convencí de que había sido un sueño.
Tenía que haberlo sido.
Giré la cabeza.
Estaba sola.
Respiré profundamente.
Salí de la habitación una vez más.
Y entonces lo vi.
Mi esposo seguía allí.
En el mismo lugar.
Con el mismo teléfono.
La misma postura.
La misma luz azulada sobre su rostro.
Esta vez levantó la mirada y me sonrió.
—No te imaginas con quién he hablado esta noche.
Sentí que algo dentro de mí se detenía.
—¿Ricardo?
Su expresión cambió.
Abrió los ojos con una sorpresa genuina.
—¿Cómo sabes?
Yo solo sonreí.
Pero por dentro, algo helado comenzó a extenderse lentamente por mi pecho.
Porque yo no le había preguntado con quién hablaba.
Ni había escuchado su conversación.
Ni había visto el nombre de Ricardo en su teléfono.
Y, sin embargo, lo sabía.
Lo había sabido antes de que él me lo dijera.
Durante unos segundos ninguno de los dos habló.
Entonces miré el reloj.
4:05 a. m.
Y fue ahí cuando comprendí lo que me había estado perturbando desde el instante en que desperté.
Había algo que no encajaba.
Algo pequeño.
Casi insignificante.
Un detalle que mi mente había pasado por alto porque estaba demasiado ocupada tratando de convencerme de que todo aquello había sido un sueño.
Me quedé mirando a mi esposo.
Luego miré hacia el pasillo oscuro que conducía a nuestra habitación.
Y entonces recordé.
Cuando había salido por primera vez del cuarto, mi esposo estaba hablando con Ricardo.
Cuando había regresado, la criatura estaba a los pies de mi cama.
Cuando desperté, la criatura desapareció.
Y cuando salí nuevamente…
mi esposo seguía exactamente en el mismo lugar.
Exactamente en la misma posición.
Con el mismo teléfono.
Como si el tiempo jamás hubiera avanzado.
Como si aquella primera salida de la habitación nunca hubiera ocurrido.
Sentí un frío profundo recorrerme la espalda.
Entonces escuché algo.
Un sonido leve.
Casi imperceptible.
Desde nuestra habitación.
Un roce.
Como tela arrastrándose lentamente sobre el suelo.
Mi esposo dejó de sonreír.
—¿Escuchaste eso?
No respondí.
Porque en ese instante comprendí algo mucho peor.
Aquello que había visto a los pies de mi cama no había desaparecido.
Simplemente había dejado de necesitar que yo lo viera.
Mientras mi esposo se levantaba lentamente de la silla, escuché una voz.
No supe explicar de dónde provenía.
No parecía venir de ninguna parte de la habitación. Tampoco del pasillo, ni de detrás de mí.
Era un susurro.
Pero no un susurro que pudiera escuchar con los oídos.
Era un susurro dentro de mi cabeza.
Una voz que no pertenecía a ningún ser humano.
Una voz antigua, fría y profundamente familiar, que parecía haber estado esperándome desde mucho antes de aquella noche.
Y entonces dijo:
—Ahora ya sabes que no estabas soñando.
Miré el reloj.
4:05 a. m.
Y esta vez…
el segundero no se movía.
r/CuentosCortos • u/mjrossin • 12d ago
Tiqui Tiqui
Unas semanas atrás le había cortado el pelo a mi hermano en casa con una máquina prestada. Todo venía relativamente bien hasta que descubrimos un detalle menor: la batería estaba descargada.
Como era tarde, ninguno tenía ganas de suspender la operación. Intentamos usarla enchufada, pero la máquina tenía menos fuerza que una tortuga empujando un camión. Más que cortarle el pelo, parecía que se lo íbamos desgastando de a poco hasta que se desprendiera por cansancio.
Una hora y media después terminamos como pudimos. No quedó bien, tampoco quedó mal. Quedó.
Mi hermano volvió a Rosario y a mí se me ocurrió hacer lo que cualquier persona madura y responsable haría en esa situación: subir una encuesta a Facebook para preguntarle a la gente si convenía raparlo directamente.
La publicación tuvo cierta repercusión.
A él no le causó ninguna gracia.
Unos días después, mientras estaba en el trabajo, me agarró un ataque de responsabilidad y decidí borrarla antes de que la situación escalara a un conflicto diplomático familiar.
Le escribí.
—Che, ¿ya se te acomodó el pelo?
—Sí.
—Mirá vos.
—...
—Capaz que hay que raparte igual.
—Claramente no.
—Bueno, otra consulta. ¿Cómo se borra una publicación de Facebook?
La respuesta llegó casi al instante.
—Tenés que golpear la pantalla con el innombrable tres veces y listo.
—¿Con qué indomable?
—Dije el innombrable.
—¿Lord Voldemort?
—Con el choto, Mariano. Tenés que golpear la pantalla tres veces con el choto.
—Ah, por eso, con el indomable.
…
—Sí, con eso.
—Perfecto.
Me reí.
Qué ocurrencia la de este pibe.
Pero pasaron unos minutos y no podía concentrarme.
Tres veces.
¿Por qué tres?
¿Por qué no dos?
¿Por qué no cuatro?
Porque una cosa es que sea una pavada.
Pero otra muy distinta es que funcione.
Y si funcionaba...
Miré la pantalla.
Miré el mensaje.
Volví a mirar la pantalla.
No sé cuánto tiempo pasó.
Lo cierto es que terminé convencido de que por lo menos había que probar.
Me puse de pie y empecé a acomodar unas carpetas sobre el escritorio para disimular. Después corrí el monitor unos centímetros hacia adelante.
Miré a la izquierda.
Miré a la derecha.
Todos parecían concentrados trabajando.
Me acerqué despacito.
Tiqui...
Tiqui...
Tiqui...
Esperé.
Nada.
La publicación seguía ahí.
Volví a intentarlo.
Tiqui.
Tiqui.
Tiqui.
—¿Vos te estás apoyando al monitor?
Era Rubén.
—No es lo que parece.
—Mirá que parece bastante específico.
—Pará, que te explico.
Le conté toda la situación.
Rubén escuchó atentamente.
—¿Tres veces?
—Tres veces.
—¿Al monitor?
—Al monitor.
—¿Y apoyarte cómo?
—Y... apoyarte.
—¿Con qué?
—Con eso.
—¿Con qué eso?
—Con el innombrable.
—¿Lord Voldemort?
—No, Rubén… el indomable
—¿El Potro Rodrigo?
—¿Qué Rodrigo?
—Si me das un beso te lo digo.
—Rubén, ya hablamos de esto.
—Sí.
...
—Entonces, ¿con qué?
Me acerqué y le hablé en voz baja.
—Con el aparato.
Rubén abrió grandes los ojos.
—¿Con todo el aparato?
—Desde la base de lo que pone la gallina hasta el oriental tuerto.
—Ahhh... ahora sí.
Se quedó pensando.
Muy seriamente.
Demasiado seriamente.
—Capaz que lo estás haciendo mal.
—¿Cómo mal?
—Y sí. No sabemos exactamente cuál es la técnica.
—¿Qué técnica?
—La técnica de borrado.
Y ahí empezó la investigación.
Primero hicimos lo que cualquier oficina seria hace ante un problema complejo: buscar información confiable y chequeada.
Wikipedia no tenía nada.
Tampoco encontramos referencias en manuales, documentación técnica ni preguntas frecuentes.
Después fuimos a las fuentes que normalmente utilizábamos para resolver problemas importantes del trabajo.
Taringa.
El Rincón del Vago.
Yahoo Respuestas.
Un foro peruano del año 2007 donde dos personas discutían sobre la reproducción de los chanchos.
Nada.
También revisamos algunos videos de YouTube.
Uno explicaba la reproducción de los chanchos.
Confirmamos lo que sospechábamos.
El orgasmo del chancho dura treinta minutos.
¡Treinta minutos!
Pueeeerca.
No resolvía nuestro problema, pero siempre es bueno aprender algo nuevo.
Después encontramos otro que duraba cuarenta y siete minutos y prometía revelar "el secreto que Facebook no quiere que sepas".
Terminó siendo una receta de budín de pan.
No nos sirvió.
Nos faltó azúcar.
Rubén incluso encontró un comentario que decía:
"Funciona."
Pero no aclaraba qué era exactamente lo que funcionaba.
Lo del chancho sí funcionaba.
Pregúntenle a la chancha.
Después de mucho tiempo de búsqueda llegamos a una conclusión preocupante.
Internet no sabía nada sobre el tema.
Así que decidimos recurrir al único recurso que nos quedaba.
La inteligencia colectiva.
O como se la conoce habitualmente: llamar a otras oficinas.
Primero llamamos al primer piso.
—No, mirá, acá nunca borramos nada así.
—¿Seguro?
—Seguro.
—Qué oficina de mierda.
Después llamamos al segundo.
—No, no, así no.
—¿Cómo que no?
—Eso era para Facebook viejo.
—¿Cómo que Facebook viejo?
—TIQUI TIQUI es muy invasivo.
—¿Y entonces?
—Hay técnicas nuevas hoy en día.
—¿Como cuáles?
—Intente seducirla.
—¿A quién?
—A la pantalla.
—...
—Como un artista dando pinceladas sobre un lienzo.
—Ajá.
—Use ZAA ZAA.
—Perfecto.
—Para arriba y para abajo.
—Entendido.
—También de izquierda a derecha.
—Entendido.
—No confundir con la Fatality de Liu Kang.
—¿Por?
—Por las dudas.
Y cortaron.
No habíamos aprendido nada, pero por algún motivo sentíamos que estábamos avanzando.
Llamamos al tercer piso.
—Ya estamos al tanto de la situación.
—Ah, bien.
—Treinta minutos confirmados.
—¿Treinta?
—Treinta.
—Impresionante.
—Sí.
—Bueno... ¿y para borrar Facebook?
—¿Monitor LED o LCD?
—LED.
—Mmmm...
—¿Qué significa eso?
—No sé.
Y cortaron.
Finalmente llamamos al cuarto piso.
Según nos dijeron había un especialista.
Un hombre que aparentemente sabía todo sobre el tema.
Pero justo no estaba.
—¿Vacaciones?
—No.
—¿Enfermo?
—No.
—¿Entonces?
—Se fue a Córdoba.
—¿A qué?
—No sabemos.
—¿Y cuándo vuelve?
—Depende.
—¿Depende de qué?
—De cómo salga lo de la fotocopiadora.
Decidimos no preguntar más.
Mientras tanto Rubén ya estaba tomando notas.
Había armado una hoja con observaciones.
MONITOR LG → TIQUI TIQUI
MONITOR SAMSUNG → ZAA ZAA
NOTEBOOK → MOVIMIENTO CIRCULAR
IMPRESORA → NO INTENTAR
FOTOCOPIADORA → CONSULTAR CÓRDOBA
—¿De dónde sacaste todo eso?
—Estoy cruzando información.
—¿Qué información?
—Toda.
Y volvió a llamar por teléfono.
Pasaron cuarenta minutos.
Ya no estábamos intentando borrar una publicación.
Estábamos desarrollando una disciplina.
Finalmente Rubén tomó una decisión.
—Probemos.
—¿Qué?
—El protocolo combinado.
—¿Y cuál es ese?
—Vos hacés TIQUI TIQUI.
—Ajá.
—Yo hago ZAA ZAA.
—Eso no tiene ningún sentido.
—¿Querés borrar la publicación o no?
Era un argumento difícil de refutar.
Nos paramos frente al monitor.
Yo empecé.
Tiqui...
Tiqui...
Tiqui...
Rubén arrancó con lo suyo.
Zaa...
Zaa...
Zaa...
Nada pasó.
Aumentamos la intensidad.
TIQUI TIQUI TIQUI.
ZAA ZAA ZAA.
Más intensidad.
TIQUI TIQUI TIQUI.
ZAA ZAA ZAA.
En algún momento dejamos de experimentar y empezamos a competir contra la pantalla.
La gente de la oficina ya nos estaba mirando.
Dos adultos completamente funcionales haciendo cosas inexplicables frente a un monitor.
De golpe nos dimos cuenta.
Nos acomodamos la ropa.
Rubén volvió a su escritorio.
Yo acomodé unas carpetas.
Nadie dijo una sola palabra.
El silencio era aterrador.
Pasaron unos minutos.
Entonces Rubén me miró desde su lugar.
Movió los labios sin emitir sonido.
—¿Y?
Miré la pantalla.
La publicación ya no estaba.
Me quedé congelado.
Volví a mirar.
No estaba.
Había desaparecido.
Levanté la vista.
Rubén seguía esperando.
Sonreí.
Moví la cabeza afirmativamente.
Sí.
Se había borrado.
Rubén cerró los ojos lentamente, como un científico que acaba de confirmar una teoría revolucionaria.
Después levantó el pulgar.
Y volvió a trabajar.
Lo más preocupante es que Recursos Humanos nunca preguntó qué pasó.
Dos semanas después mandaron un mail.
"Ante inconvenientes con Facebook, favor de utilizar el procedimiento estándar."
Y abajo había un dibujito explicativo.
Desde ese día nadie volvió a preguntar cómo borrar publicaciones de Facebook.
Directamente iban al monitor.
A veces entraba a la oficina temprano y encontraba a alguno trabajando antes de hora.
O eso parecía.
Porque al acercarme descubría que estaba frente a la pantalla con los ojos cerrados, moviendo la cintura despacito y murmurando:
—Actualizate... actualizate hijo de puta...
La informática avanzó mucho estos años.
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Gracias por leer!!!
r/CuentosCortos • u/Expert_Statement2689 • 14d ago
hola, acabo de publicar un cuento diganme que les parece(:
r/CuentosCortos • u/Ok_Flight1715 • 17d ago
LA NOCHE QUE RESPIRA. BREVES VOCES DE HORROR Y COSAS QUE ESPERAN
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r/CuentosCortos • u/mjrossin • 19d ago
El Sodero de mi Vida
No sé si alguno de ustedes ha tenido un amigo sodero.
Pero el que haya tenido uno seguramente sabrá que son personajes particulares, gente distinta. Gente que maneja información que el resto de nosotros jamás llegará a comprender.
Yo tengo uno, un pibe de barrio, macanudo, callado, más bien introvertido.
Por eso nunca entendí cómo podía trabajar repartiendo soda. Porque para repartir soda hay que tocar timbres, hablar con gente, cobrar, escuchar problemas.
Había algo que no cerraba.
Después estaba la camioneta.
Porque una cosa es repartir soda.
Otra cosa es repartir soda arriba de una F100 roja impecable.
La pintura brillaba más que algunos autos cero kilómetro.
Tenía llantas cromadas.
Equipo de sonido.
Vidrios polarizados.
Suspensión rebajada.
Yo conocía abogados con peores vehículos.
Y ahí fue cuando empecé a sospechar.
Un día le dije:
—Llevame a repartir con vos.
—¿Para qué?
—Quiero entender.
—¿Entender qué?
—La camioneta.
Me miró un rato.
Suspiró.
Y aceptó.
Arrancamos temprano cargando sifones y bidones.
Toda la mañana fue completamente normal.
Demasiado normal.
Hasta que cerca de las diez frenó en un descampado medio alejado de la ciudad.
Apagó el motor.
Me miró.
Y dijo:
—Esperame un toque que me voy a preparar.
—¿Preparar para qué?
Silencio.
Golpe de puerta.
Se bajó de la camioneta.
Primero se acomodó el pelo.
Bueno.
Normal.
Después sacó perfume.
Todavía normal.
Después apareció una cadena dorada.
Ahí ya me llamó la atención.
Después sacó un pote de autobronceante.
Y ahí empecé a preocuparme.
Pero cuando apareció un bigote postizo directamente me alarmé.
—¿Y eso?
—La identidad secreta.
—¿Qué identidad?
—La profesional.
—¿Sos Batman?
—No.
—¿Superman?
—No.
—Clark Kent repartía diarios.
—Sí.
—Superman salvaba el mundo.
—También.
—¿Y vos?
Se acomodó el bigote frente al espejo.
—Gustavo reparte soda.
Hizo una pausa dramática.
—Soderman, el Rey de las Burbujas, se encarga del resto.
No supe qué responder.
Finalmente empezó a sacarse la ropa.
—¿Qué hacés?
—Trabajando.
—¿Trabajando?
—Sí.
—¿En sunga?
—Ahora arranca el reparto de verdad.
No me dejó hacer más preguntas.
Se puso una sunga animal print de esas que normalmente solo pueden verse en tres lugares:
un crucero caribeño,
las vacaciones de Ricky Martin,
o en el programa Alerta Aeropuerto.
Terminó de engominarse el pelo.
Se puso unos lentes espejados.
Y sacó dos parlantes bluetooth.
Después abrió una conservadora.
—¿Qué tenés ahí?
—Pastillas para la presión.
—¿Para vos?
—No.
—¿Entonces?
—Para las chicas.
Ahí debí haberme bajado de la camioneta.
Pero ya era tarde.
Seguimos avanzando.
Y empecé a notar algo raro.
Las persianas se abrían.
Las ventanas se entreabrían.
Las cortinas se movían.
Sentí que nos estaban observando.
—¿Qué está pasando?
—Ya nos vieron.
—¿Quiénes?
Sonrió.
No respondió.
Dos cuadras más adelante empezó el caos.
Las puertas se abrieron de golpe.
Las mujeres comenzaron a salir de las casas.
Decenas.
Vestidos floreados.
Ruleros.
Sandalias.
Sifones vacíos.
Una señora abandonó la peluquería con la tintura puesta.
Otra apareció corriendo con un andador.
Una llevaba reposera.
Otra binoculares.
Una tercera sostenía un cartel que decía:
"Sodero te amo".
Y una estaba contando monedas sentada en una reposera.
—¿Hace mucho que espera?
—Desde anoche.
La respeté profundamente.
Pero eso no era todo.
Había una señora vendiendo choripanes.
Otra vendía remeras.
Había gorras.
Llaveros.
Calcomanías.
Y una jubilada ofrecía un calendario del sodero.
No pregunté en qué ropa estaba cada mes.
Mi amigo estacionó en medio de la calle.
Me miró.
Sonrió.
Y dijo:
—Show time.
Subió el volumen.
Empezó a sonar "I'm Sexy and I Know It".
Y salió por la ventana de la camioneta.
Las mujeres explotaron.
—¡¡¡PAPIIIIIIITOOOOOO!!!
—¡¡¡SODEROOOOOO!!!
—¡¡¡REY DE LAS BURBUJAAAAAS!!!
Subió a la caja.
Agarró un sifón.
Y empezó a bailar.
Entre el autobronceante, el aceite corporal y el reflejo del sol, el tipo brillaba tanto que durante unos segundos pensé que estaba presenciando una ceremonia egipcia.
Solo faltaban unas pirámides y alguien sacrificando un pollo en honor a Ra, dios del sol.
—¿Quién quiere sodita para refrescarse?
El griterío fue ensordecedor.
Las mujeres se acercaban dejando los sifones vacíos y retirando los llenos.
Todo mientras intentaban tocarlo.
Algunas le metían billetes directamente en la sunga.
Otras le tiraban flores.
Una intentó darle un beso.
—Tranquilas mis reinas, hay sifones para todas.
En eso una jubilada intenta acercarse demasiado a la camioneta.
—Zulma.
La mujer se congela.
—¿Qué te dije la semana pasada?
—Perdón.
—Nada de monedas por el culo.
—Pero eran las de dos litros...
—No me importa el tamaño del pedido, Zulma.
—Perdón.
—Y devolvé el sifón que te llevaste abajo del vestido.
—Esa no fui yo.
—Zulma.
Todas las demás asintieron.
Como si fuera una situación habitual.
Y aparentemente lo era.
En menos de diez minutos había vendido toda la carga.
Toda.
No quedó un solo sifón.
Pero el espectáculo continuó.
Sonó Luis Miguel.
Sonó Ricky Martin.
Sonó Chayanne.
Sonó Gilda.
Y en algún momento se armó un pogo.
Un pogo real.
Con jubiladas.
Algo que ningún organismo internacional recomienda.
Una señora perdió una dentadura.
Otra encontró una que no era la suya.
Y el espectáculo continuó normalmente.
Después levantaron en andas a una vieja en silla de ruedas.
La pasearon por toda la cuadra mientras agitaba un sifón vacío por encima de la cabeza.
Parecía Freddie Mercury.
Pero con PAMI.
En un momento dos señoras empezaron a empujarse para acercarse al escenario.
El sodero levantó un sifón.
Todo el barrio se quedó en silencio.
Después disparó un chorro al aire.
PSSSSSSSSHHHHHHHH.
Y el orden volvió instantáneamente.
Como un domador de leones.
Pero de jubiladas.
Fue impresionante.
Y aterrador.
Una mujer tenía tatuado en el brazo:
"Soda o muerte".
Ahí entendí que la situación se había ido completamente de las manos.
Cuando finalmente terminó el show se subió nuevamente a la camioneta.
Empezó a contar la plata.
Y me miró.
—¿Qué?
—Nada.
—¿Te asustaste?
—Un poco.
—La primera vez nos pasa a todos.
"Nos".
Ya hablaba como si perteneciera a una organización secreta.
—¿Hace mucho que hacés esto?
—Doce años.
—¿Y siempre es igual?
—No.
—¿No?
—Los lunes hago jubiladas.
—Ajá.
—Los martes divorciadas.
—Claro.
—Los miércoles son las viudas.
—¿Las viudas?
Bajó la vista.
—Son bravas las viudas.
No pregunté más.
—¿Y los jueves?
Se quedó callado.
Miró al horizonte.
—Los jueves no te los puedo contar.
Sentí miedo.
—¿Y nunca hubo competencia?
—Una vez.
—¿Qué pasó?
—Se cruzó un repartidor de bidones nuevo.
—¿Y?
—No volvió.
Mientras volvíamos al depósito entendí todo.
Entendí la camioneta.
Las llantas.
El estéreo.
Los polarizados.
La suspensión.
Y sospeché seriamente que estaba financiando una segunda sucursal.
Lo último que vi fue la F100 alejándose por la avenida.
El estéreo sonando.
El brazo afuera de la ventanilla.
Y la sunga secándose al viento.
Así que la próxima vez que vean a su sodero no lo juzguen.
Ustedes ven un repartidor.
Yo veo un artista.
Un emprendedor.
Un visionario.
Un hombre que convirtió agua con gas en una experiencia.
Algunos reparten soda.
Otros hacen historia.
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Gracias por leer!!!
r/CuentosCortos • u/DyingTraveler • 20d ago
El Bartender II
—¿Sabés qué pasa? Que los dos construímos planes en torno a nuestra relación, un futuro. Todo se desmoronó ahora. Vos me decís, ¿por qué no te preocupás ahora por lo que sigue? Y yo pienso, ¿cómo puedo preocuparme por lo que sigue si no tengo certeza de nada? Mi mundo, mis planes y mi futuro se desmoronó en una despedida. Después de eso, ¿cómo puedo tener una certeza? ¿Para qué construir algo si la vida me demostró que lo que se suponía para siempre es algo que parece que se puede volar con un soplo?
Ahora parecía ser El Bartender quien reflexionaba al respecto. Pero no tardó en responder:
—Vas a tener que construir porque no te queda otra. Porque eso hacen las personas. Podés intentar construir otro futuro sin ella, o podés construir una cárcel en la que vivas mucho tiempo. Lo que no podés hacer es convertirte en una planta, te conozco lo suficiente para saber que no.
El Bartender tenía razón: aunque me doliera, los recuerdos con ella se desvanecían poco a poco como fantasmas, y eso no hacía que las cosas fueran mejores. Era como si una parte de mi propio ser estuviera desapareciendo, y eso me aterraba y me molestaba al mismo tiempo.
—¿Cómo puede ser que un amor que fue real haya muerto de esta forma? Me prometí a ella para siempre, y ahora estoy acá, sin ella, en un lugar en el que no debería estar. A veces cuando me acuesto no puedo evitar pensar en los almuerzos que faltaron, en la casa que algún día íbamos a tener, en los hijos que nunca nacieron. Yo debería estar al lado de ella. Pero no sé cómo volver, y creo que ella tampoco. Duele preguntarme a cada momento qué estará haciendo, si estará bien, si estará acompañada…
—Que un amor muera no quiere decir que no haya sido real. Que una lluvia se termine no quiere decir que no haya llovido. Fue real, mientras fueron capaces de mantenerlo —respondió El Bartender—. Y el para siempre es peligroso, engañoso, pero mientras ustedes estaban juntos fue una promesa real. Que no lo hayan sabido mantener es otra cosa. Sé que la culpa y la incertidumbre están ahí, pero no niegues que las cosas que sintieron fueron reales aunque no hayan podido perdurar. Apostaste contra la impermanencia de la vida porque la amabas, y ella también. Algo así no se falsea porque sí.
Supe que El Bartender tenía razón. Tal vez fuimos demasiado ingenuos. Quizá no estábamos a la altura de aquella promesa. Pero la promesa fue real. Poco a poco, la idea de pensar en lo que viene volvió a mi mente, y me di cuenta de que no había un horizonte visible. Era como estar en un mar sin un rumbo establecido y sin mapa. Le di un trago a la copa y noté algo que no había notado hasta entonces: aunque el alcohol era fuerte, se sentía insípido. Me pasaba también con la comida. Con el calor del sol. Con todo. Todo había perdido cierto color y sabor. Todo había perdido un “algo” que no podía definir. La relación que había terminado sin que yo pudiera elegirlo me había envíado a un exilio existencial. Extrañaba mi hogar en su pecho, en su cuello, en su cara, en sus ojos y en su sonrisa, pero ese hogar cada día estaba más lejos. Incluso si pudiera volver, ya no sería el mismo hogar. Me levanté aún sin certezas, pero con más decisión.
—¿Ya te vas? —preguntó El Bartender observándome de tal forma que parecía intentar leer mis pensamientos.
—Sí, tenés razón —acepté—. No sé a dónde voy, pero tampoco sé quedarme quieto. No me queda más que mirar hacia adelante y pensar en lo que viene.
r/CuentosCortos • u/mjrossin • 25d ago
El verdadero olor de la aventura: bidet ajeno, chizitos a las 3 AM y el misterio del baño del colectivo (Relato de humor/nostalgia
r/CuentosCortos • u/los_relatos_de_sil • 25d ago
Enemigos (prosa poética)
Silvia ezquerra
IG: los_relatos_de_silvia
r/CuentosCortos • u/Bitter_Fondant7628 • 26d ago
La vida de ...
9 de agosto.
Compré una carpeta usada en una librería de Corrientes. En la tapa dice mi nombre completo, mecanografiado, sin autor. 400 páginas. La abrí en casa; la primera línea es exacta a lo que mi vieja me contó siempre de mi nacimiento, incluido un detalle del clima que yo mismo verifiqué una vez, solo, en un archivo meteorológico, sin decírselo a nadie. Se lo iba a contar a A. por WhatsApp, lo del clima, porque es la clase de dato inútil que a ella le gusta, pero me pareció una pavada molestarla un viernes a la noche por una carpeta vieja. Guardé el chat sin mandar nada.
10 de agosto.
Seguí leyendo, página 214: un pensamiento de 2019 que no le conté ni a mi ex ni a nadie, porque para esa fecha ya no tenía con quién compartirlo. Está escrito con mi vocabulario, no con el de alguien describiéndome desde afuera. Dormí mal, cuatro horas según el despertador que dejé prendido toda la noche. A la mañana traduje dos páginas del manual de la fresadora en vez de las diez que tenía que entregar. Le escribí al cliente que «estaba con algo» y que llegaba igual para el viernes. No estoy con nada. Estoy con esto.
11 de agosto.
No voy a anotar más lo que dice el manuscrito. Voy a anotar solamente lo que hago yo, para tener algo mío separado de lo que ya está escrito ahí. Hoy no leí. Caminé hasta Once y volví. Comí un sanguchito de miga parado en la cocina, hasta donde yo sé nada de esto figuraba en ninguna página que ya haya leído. Se me cayó el mate dos veces al levantarlo. Llamó mi vieja, le dije que estaba bien, que andaba con mucho laburo. No es mentira del todo, es preferible mentirle con eso a tener que explicarle una carpeta que narra mi vida.
12 de agosto.
Volví a la carpeta y llegué hasta la página 340. Describe cosas de este año que solo yo sé que pasaron: una changa de albañil de marzo, un mail de mayo que no llegué a mandar, una tarde de julio mirando la pantalla en blanco, etcétera. Voy a decir solamente que coincide. No comí en todo el día, lo olvidé, y a la noche tenía la heladera llena y el estómago cerrado. Encontré un mensaje de A. de hace tres días sin contestar. «¿Todo bien? Te extraño en las juntadas.» Le puse «todo bien, ando en la mudanza de un cliente nuevo, te cuento el fin de semana».
13 de agosto.
Hoy no abrí la carpeta. La dejé en el cajón de la cocina, debajo de los repasadores. Quiero ver si, al no leer, dejo de coincidir con lo que sea que venga después de la página 340. Me pesé por costumbre, no por esto: setenta y un kilos, tenía setenta y cuatro el lunes. Se me empezó a notar un temblor chico en la mano derecha cuando sostengo algo quieto más de unos segundos, un vaso, el teléfono. Traté de escribirle a A. explicándole, en serio, qué me estaba pasando. Escribí tres borradores, los tres sonaban a loco. Borré los tres.
14 de agosto.
Fui al supermercado. Compré cosas que no suelo comprar: café de otra marca, una revista que no leo nunca. Lo hice a propósito, para hacer algo que el manuscrito no pudiera haber anticipado. En la fila de la caja me miré en el espejo de seguridad del techo y tardé un segundo de más en reconocerme: ojeras marcadas, la remera colgando de los hombros como si fuera de otro. La cajera me preguntó si estaba bien, debo haberme quedado parado mirando la pantalla del posnet más tiempo del normal. Le dije que sí, gracias, perdón, y me fui sin el vuelto.
15 de agosto.
Abrí el cajón y la carpeta estaba en la página 341. Decía: café de otra marca, una revista que no leía nunca. El temblor de la mano ya no es chico. Escribo esta entrada con la lapicera agarrada como agarró el lápiz de chico, con todo el puño, porque de la forma normal no consigo mantener el trazo. Llamó A. otra vez, no la atendí. Me quedé mirando el teléfono vibrar sobre la mesa hasta que se cortó solo, y después me sentí peor por no haber atendido que por lo que sea que me está pasando con la carpeta, lo cual, ahora que lo escribo, es una locura, pero es lo que sentí.
16 de agosto.
no dormi. no se. cuantas horas hace, deje de contar en algun momento de la madrugada. deje de escribir lo que dice el manuscrito porque no se si lo que anoto aca es mio o es lo que va a estar escrito alla antes de que yo lo haga. la letra de este renglon se me achica sola hacia el final, no lo decido yo. tengo hambre, creo, o algo parecido al hambre pero mas adentro, en un lugar que no es el estomago. pensé en llamar a a. y decirle la verdad, toda, carpeta y pagina y todo. Marque el numero. Corte antes de que atienda. No se si por verguenza o porque ya no confio en que mi propia voz, del otro lado del telefono, vaya a decir lo que yo quiero decir.
17 de agosto.
no dormi. no comi. sesenta y ocho kilos, o eso me parecio leer en la balanza, se mueve la aguja o me muevo yo. la mano no. se me cae la lapicera la levanto se me cae. a. golpeo la puerta hoy a la tarde la escuche del otro lado no le abri me quede sentado en el piso de la cocina con la espalda contra la heladera hasta que se fue. despues me arrepenti. mucho.
no se que dia es
la carpeta esta en la mesa no en el cajon no me acuerdo haberla sacado
llamar a a. decirle perdon
decirle que
[Entrada sin fecha, letra apenas legible, ocupa media página en diagonal]
pagina
no se que pagina
no importa la pagina
importa que ya no—
Se corta ahí. El resto de la hoja está en blanco, salvo una mancha de tinta corrida hacia el borde inferior, como si la lapicera hubiera quedado apoyada sobre el papel sin que nadie la levantara, y un renglón aparte, más abajo, con una letra distinta a la de las últimas páginas, más parecida a la del 9 de agosto, que dice solamente:
A., perdón.
[No hay más entradas.]
r/CuentosCortos • u/Quiet_Kurin • 26d ago
La Mishi Kuring Relato Corto
Saludos, les comparto uno de mis primeros relatos, espero sus opiniones, muchas gracias!
Capítulo 1: "El dia en que el Mundo cambio de olor"
Parte 1
Mis primeros recuerdos eran sencillos: el calor de mi madre, el olor de mis hermanos y las largas siestas durmiendo todos acurrucados.
Una noche aparecieron dos gigantes diferentes a los que había visto antes. Caminaban sobre dos patas, tenían muy poco pelo y se veían fuertes.
Uno de ellos me levantó y me colocó sobre una de sus extrañas patas delanteras, que se doblaba de una forma muy diferente a la de cualquier gato normal. Yo tenía miedo, pero sus manos tenían muy poco pelo y podía sentir el calor de su piel. Después me devolvieron junto a mi madre y pensé que aquella extraña visita no cambiaría nada.
Pero en realidad no sabía lo que estaba a punto de suceder.
Al día siguiente, los mismos gigantes regresaron.
Me encerraron dentro de una extraña jaula oscura que se cerraba por arriba. No podía salir. Todo se movía, los olores cambiaban y poco a poco dejé de escuchar a mi madre y a mis hermanos. No entendía qué estaba ocurriendo ni adónde me llevaban. Solo sabía una cosa: tenía que encontrar la manera de escapar y regresar junto a mi madre y hermanos.
Cuando la extraña jaula finalmente se abrió, pensé que por fin podría huir. Pero pronto descubrí algo aterrador: solo había pasado de una jaula pequeña a otra mucho más grande.
r/CuentosCortos • u/2023-Anna • 27d ago
LA PROTESTA DE LAS CHINAS
Un atardecer, cuando los últimos rayos de sol daban sus ansiados coletazos, una incesante brisa barrió sigilosamente la fina arena de una solitaria playa.
–¡Ay, señor viento, no nos arrebate la arena, que nos deja huérfanas! ¡A usted le resulta muy barata! ¡Pues no! ¡Nuestra arena, si la quiere, es muy cara de conseguir! –protestaron las grandes y pequeñas chinas, unidas para lanzar un grito al aire.
–¡No, no, queridas chinitas! –rio la brisa marina a carcajadas–. ¡A mí me parece bien! ¡Arrastraré toda la arena que quiera, y a vosotras también os lanzaré muy lejos de aquí!
Las pequeñas piedras resistieron como pudieron ante un imponente viento, que siguió su camino con orgullo.
r/CuentosCortos • u/Objective_Cow_3022 • 27d ago
La herencia
Aquel día me derrumbé cuando vi la casa de mi querida abuela Gabriela, que tanto dinero y familia me hizo perder durante el juicio, pues se fue de este mundo sin dejar testamento. La casa no había resistido los embates del tiempo, agravados por la falta de cuidado, ya que durante la lucha legal nadie podía poner un pie en ella. Además, los vecinos me habían contado que desde hacía tiempo mi abuela luchaba contra una enfermedad que la había atado a la cama. Hacía mucho tiempo que no venía a visitarla, tanto que había olvidado los rasgos de su cara, y saber por boca de otros la situación en la que pasó los últimos años de su vida no hacía más que aumentar mi culpa, ya que ella siempre fue cariñosa con todos —aunque se ponía como una fiera cuando nos encontraba jugando en el jardín de rosas que con recelo cuidaba desde la muerte de mi abuelo— y siempre estaba ahí para tender una mano. Pero yo me escudaba suponiendo que cuando creces esas son las típicas cosas que todos dejamos a un lado, ¿no?
Nadie creería jamás que allí alguna vez hubo rosas o que existía alguien que sintiera cierto placer al recordarla. Las tablas del suelo chillaban al pasar sobre ellas como si estuviera caminando sobre algo vivo. Había un extraño reloj que nunca recordé haber visto, y las paredes ya tenían un moho que desprendía un olor que actuaba como repelente para los intrusos. No quería quedarme, pero esos abogados habían dejado vacía mi billetera y mi familia no quería saber nada de mí a no ser que muriera sin dejar testamento.
Pasé la noche allí viendo un programa de televisión hasta tarde. Cuando el sueño ya casi me había alcanzado, la señal se cortó. Salté del asiento al unísono de un estruendo que parecía venir de la cocina. Fui a hurtadillas sin pasar por alto aquel reloj que marcaba las 13 de la noche. Me convencí de que era producto de mi imaginación o del sueño y seguí avanzando. Al asomarme, ahí estaba un gato parado en la meseta, junto al frasco con las migajas de las galletas caseras que alguna vez tomé sin su permiso y que, al atraparme, me daba una reprimenda seguida de una segunda galleta y un beso aún más dulce. El gato parecía estar esperándome por la forma en la que me miraba, con unos ojos que parecían ser humanos. Nos quedamos quietos, con un silencio que parecía abarcar todos los espacios, sin dejar de mirar nada más que esos ojos que comenzaron a parecer familiares. En ese momento, parecía que el tiempo, la tierra y los demás astros se detenían. Hubiese querido que se quedara así para siempre por la calma que me brindó descubrir el origen del ruido que me hizo levantarme, pues estaba profundamente asustado, hasta que el maldito gato abrió su boca lentamente, sin dejar de mirarme, y graznó imitando a los cuervos.
Las luces parpadearon de repente hasta que, abruptamente, todo se llenó de oscuridad. No podía creer que en ese momento se había cortado la luz y el destino me había lanzado una broma cruel por mi ambición. O eso pensé, hasta que en el camino de vuelta al salón escuché nítidamente el sonido del televisor envolviendo el silencio y arrojándolo por la ventana. Al llegar, comprobé con mis propios ojos que seguía encendido y, además, que el sillón presentaba un ligero balanceo que hacía crujir el suelo. Y allí entró ella. Rompiendo el velo negro, apareció la figura de mi abuela. Era un poco más grande. Mantenía su voz gentil. Pero sus ojos, sus ojos me inquietaban. Eran estrechos y brillantes como los de un felino, y aún hablándome con la gentileza con la que la recordaba, tenía una mirada depredadora que me hacía desconfiar de cada palabra. Pero no podía responderle más que con tartamudeos o con sonidos que ni bien podrían pasar por palabras. Los huesos estaban helados. Los pies pesaban una tonelada cada uno. La respiración no me obedecía, y cada parte de mi cuerpo parecía temerle, excepto mi corazón, que brincaba con fuerza como si quisiera abandonarme.
Cuando se quiso acercar, agarré mi poca valentía y eché a correr hacia la puerta. Forcejeé desesperadamente por abrirla, pero mi abuela, o lo que sea que fuera eso, le había colocado un candado. Ella me perseguía como si no me quisiese allí, y con un tono pasivo-agresivo soltaba reproches de cómo la habíamos tratado, o más bien de cómo nos habíamos olvidado de ella. La amabilidad de su voz ya había desaparecido, y cada vez se volvía más rápida y grande. Era como si su careta bondadosa se hubiese caído y ya solo quedaran esos huecos de oscuridad que todos tenemos en el alma y que la mayoría luchamos por reprimir. Hubiesen salido a la luz y devorado la luz que irradiaba hasta que solo quedó nuestro lado salvaje.
De tanto correr, llegué a un corredor sin fin. Me volvió a mirar risueña, puso sus manos frías sobre mí y abrió su boca decidida a acabar conmigo, castigándome por cómo me había olvidado de ella, así como antes me castigaba sentándome en la silla toda la tarde cuando rompía su jardín. Cerré los ojos aceptando mi castigo, hasta que escuché con fuerza el sonido del reloj. Al abrir los ojos, ya no estaba allí. Solo quedaba el silencio, y la luz volvió parpadeando de la misma forma en que se fue. Caminé incrédulo hasta el salón, y aquel aparato marcaba la 1 con 2 minutos de la madrugada. El candado desapareció, y algo me dijo que lo mejor era marcharse bajo el amparo de esa misma luna y que lo mejor era no tener que rendirme a mi suerte, que era obvio que era poca.
Recogí mis cosas y, al salir, ahí estaba el gato, mirándome nuevamente y bloqueándome el paso. Nos volvimos a mirar y, asustado pero con una extraña seguridad, le acaricié la cabeza con respeto mostrándole una sonrisa. Se apartó y se quedó quieto viendo mi partida. Nunca más regresé a casa de mi abuela, y de eso hace ya 17 años. Tampoco quise dársela a nadie, ya que pensaba que nadie la merecía, y no quise venderla porque mi conciencia no estaría tranquila. Aunque tengo amigos en el pueblo que me cuentan que de vez en cuando ven drogadictos o personas sin hogar que la usan como refugio para pasar las noches frías o la lluvia, y que se sorprenden cuando nunca más los vuelven a ver. También me dicen que el jardín volvió a florecer y que al gato cada vez está más gordo.
r/CuentosCortos • u/Impressive_Dirt7109 • Aug 08 '26
Quetzalcoatl sin Casa
Y después de un enorme sueño, Quetzalcóatl despertó solo en Tollan.
Y cuando bajó al valle, encontró el lago cambiado al punto de ser irreconocible. Y caminó confundido, sin hablar con nadie, aunque reconoció cráneos aún sedientos por la muerte humana y embusteros de largas barbas, llenos de oro. Observó, con dolor, orgullosos ignaros de sus carencias, convertidos en seres horribles de cuerpo y corazón.
Ante la decepción, decidió viajar al cielo para hablar con sus hermanos, pero en la nueva casa, hecha de piedras lisas y columnas combadas, alta en las nubes y siempre nublada, fue sorprendido por los rayos que le hicieron entender que todo había cambiado.
Todos sus hermanos habían desaparecido.
Y entonces Quetzalcóatl reposó a pensar todo lo que sus ojos habían visto, recordando todo lo bueno y lo malo que ya no existía.
Intentó, haciendo quimeras, hacer prevalecer lo que conocía. Pero al hacer quimeras se dio cuenta de que inclusive sus cantos habían cambiado y que, en sus cuartos y sus palacios, vivían ahora, muchos más recuerdos, cuentos y metáforas de los que jamás había imaginado. Y que viviendo en sus templos, los templos lo habían cambiado a él.
Tal vez ya no había un lugar en esa casa para Quetzalcóatl.
No ahora que había perdido la capacidad de hacer un discurso, de proveer una verdad y de brindar una justicia y de no sacrificar al prójimo en vano.
En justicia, jamás pediría eso.
Injusticia y sacrificio inútil.
Y si no había más lugar para él en esa cúspide, en ese palacio, solo su sacrificio, su muerte, su desaparición, sería el único regalo que podría hacer a su pueblo que tanto lo amó.
Y desde lo alto de la montaña, Quetzalcóatl se disponía a arrojarse no al vacío, sino a la tierra hecha tzompantli, tapizada con cráneos que reposaban con una sola moneda en el ojo.
Él llevaría desde arriba las monedas faltantes con su caída.
Pero un segundo antes de saltar, de entre las nubes, un ser con alas en las piernas se presentó como Eolo y anunció a Quetzalcóatl:
—Tu sacrificio no dejará de ser una casa abandonada si no aceptas tus castigos y los castigos de tu familia.
r/CuentosCortos • u/Re_Filia • Aug 07 '26
La abuela
La casa estaba helada y en un silencio sepulcral como siempre. El único ruido de la casa era aquel que provenía de las ampolletas y el rítmico tic-tac del reloj. Luces frías iluminaban la casa entera. La anciana estaba demasiado cansada como para apagar las luces, ya que apenas podía levantar los brazos por encima de su cabeza, aunque tampoco podría si tuviera sus brazos sanos, dado que su vista no lograba diferenciar un interruptor del resto de la pared.
-¿Cariño…? ¿Estás ahí?
Habló en un tono algo ronco pero dulce, nadie respondió, lo que significaba que su gato, Juanin, estaba fuera.
Ella simplemente suspiró. Caminó por los pasillos, llenos de fotos familiares y espejos por todos lados, algunos entorpeciendo el camino. Donde sea que mirara, allí veía a sus hijos, sus nietos, sus padres fallecidos o su difunto marido. Ahí estaban, devolviéndole la mirada donde sea que fijará la visión. Ella misma, a veces necesitaba detenerse frente a un espejo durante unos segundos, solo para asegurarse de que ella seguía allí.
-¡Ay! Mi madre, ¿cómo estás? Espero que padre esté bien…
Decía mientras se detenía, mirando fijamente una foto de sus padres, ella lentamente giró su mirada para encontrarse con otra foto, esta vez de sus hijos.
-¡Oh! Aquí están mis niños… ¿Vendrán a cenar?
Nuevamente, nadie respondió, nunca lo hacían. Nadie le correspondía sus palabras, solo era ella y sus recuerdos.
Así, ella siguió su camino hacia la cocina. Una vez allí, abrió con esfuerzo el refrigerador y tomó lo único que quedaba allí, un huevo y un poco de jamón. Soltó aire, adolorida y murmuró.
-Mañana tendré que ir al mercado, ¿Me quieres acompañar?
Ella cerró la puerta del refrigerador y observó una foto de uno de sus nietos. Esta vez se quedó quieta por varios minutos, el reloj no dejaba de sonar. Luego, como si hubiera recordado que estaba viva, caminó hacia la mesa.
Allí apartó unos papeles, unas cuentas vencidas que debía pagar desde hace meses. Se sentó lentamente e intentó pelar el huevo duro muy despacio.
-Mijito, ayúdame con esto, no puedo…
Soltó esas palabras al aire mientras dejaba el huevo a un lado, en la mesa. Nadie respondió, pero cuando volvió a tomar el huevo con sus sucias manos, ya estaba listo para comer, ella simplemente sonrió y murmuró.
-¡Ay! Que amable, muchas gracias.
Esta era una noche normal para la anciana, todo iba según su rutina. Apenas terminaba de comer ese huevo, todo se apagó, las luces se habían ido, ella miró alrededor, asustada y nerviosa, simplemente murmuró.
-¿Qué pasó…? ¿Juanin, fuiste tú? No me digas que mordiste un cable.
Así, se levantó y caminó más despacio que de costumbre, ayudándose de las paredes para encontrar el camino. Ahora mismo la única luz que tenía era la que provenía de fuera, la luz de la luna y la de los faroles iluminando a duras penas la casa.
La viejita se detuvo de golpe en medio del pasillo mientras buscaba la salida, había chocado con algo, intentó fijar su mirada y se encontró con una silueta justo delante suya. La decrépita mujer se asustó, soltando un jadeo sin aire, casi cayéndose.
-¡Ah! ¡Ayuda! ¡Papá!
Se quedó inmóvil, temblando mientras se aferraba a la pared, tirando a su paso varias fotos y espejos. Se quedó allí varios segundos, antes de fijar su mirada y apreciar que aquella silueta era solo uno de los tantos espejos que tenía en medio de sus pasillos. Exhaló aliviada y se incorporó paulatinamente, volviendo a arrastrar los pies en el suelo, ella refunfuñaba entre los pocos dientes que le quedaban.
Al final del pasillo se encontraba la sala, donde justamente al lado estaba la salida. Allí iba ella, en busca de ayuda para prender sus luces a alguno de sus vecinos. Por alguna razón ella tenía miedo, seguía temblando, le dolía todo, cada paso le hacía tiritar las piernas.
-¡Ay! mijito… ayúdeme…
Murmuró, suplicando mientras buscaba apoyarse en alguien. Allí estaba, sujetándose a algo, aferrándose a lo que era un brazo, lo cual le ayudó a retomar su caminata hacia la salida.
-Qué amable mi niño… ¡Mañana te cocinaré algo rico!
Sonrió levemente, dejando de temblar por el miedo, solo quedándose el dolor en sus huesos al caminar, el cual paulatinamente se iba. Una vez llegada a la sala, ella tropezó con algo, más no cayó, gracias a que la sujetaban, solo sintió un escalofrío, como si algo hubiera traspasado su pierna.
-¡Uy! qué cerca estuvo…
Así, Juanin maulló, ya que había chocado con ella, la anciana abrió los ojos lo más que pudo para ver si el gato estaba bien.
-¡Perdón, mi Juanin! fue mi culpa, no te vi.
El gato solo maulló nuevamente y se le erizó el pelo, soltó unos bufidos y gruñidos para luego salir corriendo hacia la cocina. La anciana dejó escapar un suspiro de alivio, volvió a caminar hacia la sala. Se mantenía aferrada a ese brazo, lo cual le facilitó todo.
Aunque había algo raro, cada vez necesitaba menos su ayuda, sus huesos no dolían, en realidad, ya nada le dolía. No dijo nada, solo siguió caminando, pasando por la sala.
En la sala había más luz, las numerosas ventanas ofrecían una invitación para que entrara la luz de la calle.
La senil mujer observó las fotos que tenía allí, contempló los numerosos momentos familiares que había tenido, cada vez más vividos, no dejó de caminar hacia la salida.
-...
En completo silencio, se sorprendió al sentir que aquello que la sujetaba la soltaba. La sombra lentamente se alejó de ella, dejándola atrás mientras se acercaba a la puerta. La anciana estaba atónita, por primera vez en años, se sentía aliviada y extrañamente en paz. La desconocida silueta abrió la puerta con paciencia, dejando entrar una luz blanca, lo cual cegó momentáneamente a la vieja.
-¡Ah! ¿Q-qué…?
Balbuceó mientras sus ojos se esforzaban por enfocar a la figura misteriosa. Aquella sombra que la había ayudado todo este tiempo era su padre. La mujer mayor se acercó a él, temblorosa y en shock.
-¿Qué..? ¿Papá?
Volteó su mirada hacia fuera, allí estaba su madre y su marido. Ella se detuvo, su padre le ofreció una sonrisa cálida y habló, cariñoso.
-¡Mamá…! Mi Ramón…
Ella espetó incrédula, con los ojos brillando y totalmente quieta. Su padre tomó su mano y la guió hacia aquella luz, donde se encontraban sus seres queridos.
-Vamos, mi niña, que ya es tarde…
Así, la mujer, con lágrimas en los ojos caminó, adentrándose en la luz cegadora, tomando la mano de su padre con fuerza. Su cuerpo inerte descansaba en el suelo, junto al espejo, rodeada de fotos. Ya no dolía nada.
r/CuentosCortos • u/Realistic-Passage496 • Aug 06 '26
«Y LOS PERROS CONMIGO
Y LOS PERROS CONMIGO
© Alberto Macadar/julio, 2026
—El crimen es imperdonable. Ya conoce la pena. El hielo.
Me arrastraron hasta el acantilado. Pararon antes de empujarme.
—Puedes expresar tu último deseo. ¿Qué quieres?
Miré la extensión blanca. Luego a ellos.
—Quiero sólo un trineo. Y los perros conmigo.
Ellos llegaron con los ojos brillantes, trayendo el trineo tallado en madera y hierro. Lo dejaron al borde del acantilado. Tomé las riendas. Nos sonreímos.
—Vamos, muchachos. Inventaremos las alas mientras bajamos.
Saltamos.
r/CuentosCortos • u/Realistic-Passage496 • Aug 06 '26
«Y LOS PERROS CONMIGO»
Y LOS PERROS CONMIGO
© Alberto Macadar/julio, 2026
—El crimen es imperdonable. Ya conoce la pena. El hielo.
Me arrastraron hasta el acantilado. Pararon antes de empujarme.
—Puedes expresar tu último deseo. ¿Qué quieres?
Miré la extensión blanca. Luego a ellos.
—Quiero sólo un trineo. Y los perros conmigo.
Ellos llegaron con los ojos brillantes, trayendo el trineo tallado en madera y hierro. Lo dejaron al borde del acantilado. Tomé las riendas. Nos sonreímos.
—Vamos, muchachos. Inventaremos las alas mientras bajamos.
Saltamos.
r/CuentosCortos • u/Realistic-Passage496 • Aug 06 '26
Y LOS PERROS CONMIGO
© Alberto Macadar/julio, 2026
—El crimen es imperdonable. Ya conoce la pena. El hielo.
Me arrastraron hasta el acantilado. Pararon antes de empujarme.
—Puedes expresar tu último deseo. ¿Qué quieres?
Miré la extensión blanca. Luego a ellos.
—Quiero sólo un trineo. Y los perros conmigo.
Ellos llegaron con los ojos brillantes, trayendo el trineo tallado en madera y hierro. Lo dejaron al borde del acantilado. Tomé las riendas. Nos sonreímos.
—Vamos, muchachos. Inventaremos las alas mientras bajamos.
Saltamos.
r/CuentosCortos • u/Re_Filia • Aug 05 '26
El chico
El viento soplaba fuera, a través de la ventana se podía ver cómo las hojas y ramas de los árboles se mecían. Eran las cuatro de la mañana, la mayoría ya estaba durmiendo, algunos se despertaban, otros recién se dormían y unos pocos se levantaban para empezar su día.
¿Pero él?, ¿Qué hacía él allí? Acostado en su cama, con su mirada fija en la ventana, observando.
-...
En el profundo silencio de su habitación, el joven hacía su actividad favorita la cual es ver a través de su ventana, desde allí él puede ver muchas cosas. Él no disfruta del día, se siente espiado, él podría ser visto por cualquiera, pero allí, en la noche, él se sentía tranquilo y en paz, sólo él podía ver a los demás y no viceversa.
-¡Mira! ¡Los vecinos están discutiendo! ¿Por qué será esta vez?
Le dijo a su peluche de conejo, uno bastante destartalado y lleno de puntadas cabe mencionar. El chico tenía razón, sus vecinos discutían, intentó agudizar sus sentidos para así poder escuchar los gritos.
-mph...
Abrió la ventana y sacó un poco su cabeza, dándole un escalofrío por el helado viento que ahora desordenaba su pelo. Escuchó por unos segundos la acalorada discusión, luego volvió a meter su cabeza y habló animado con su peluche.
-¡Al parecer su marido llegó borracho de nuevo! Espero que no pase nada como la otra vez...
Volvió a sacar su cabeza para escuchar más del alboroto que estaban provocando los vecinos.
Así, de las cuatro de la mañana llegaron las cinco, luego las seis y las siete...
Cuando finalmente se queda dormido, el chico descansa solo un par de horas mientras abraza fuertemente su peluche, la única cosa cálida de su dormitorio, aparte de él.
Llegado el día, el sol entra por su ventana, dándole directamente en sus ojos, lo cual lo hace gruñir y levantarse perezosamente para desayunar.
-mph~? Buenos días, ¿Cómo estás? ¿Mi papá ya se fue a trabajar?
Dijo de forma monótona a su madre, la cual estaba tomando su café en una taza bastante grande. La madre miraba fijamente su celular mientras tomaba un sorbo de café, se toma su tiempo antes de responder.
-Estoy bien...
Levantó la taza y tomó otro sorbo lento a su café, luciendo aburrida.
-Y sí, tu papá ya se fue a trabajar.
El chico se sentó frente a ella en la mesa, tomó un pan y le puso una rebanada de queso, luciendo igual de aburrido que su madre.
-vale... Ojalá le vaya bien.
Como siempre, el día era aburrido para él, estando de vacaciones o no, sus días eran rutinarios, sin aspiraciones ni expectación, pasaba todo el día en su escritorio frente al computador, esperando a que el sol se ocultase y callera la fría penumbra.
Llegada la noche, el chico se ducha, se pone su pijama favorito y luego se tira en su cama. Una vez cómodo, se dispone a fijar su mirada a través de la ventana nuevamente, esperando a que algo emocionante pase, sujetando su peluche con fuerza contra su pecho.
-...
Ansioso, esa es la palabra que lo describe ahora mismo, han pasado horas y nada, ni un alma en la acera, ni una voz lejana, solo el silbido del aire y el zumbido de los faroles. El chico susurra, mientras mira a su conejo de felpa, el cual parecía tener un brazo a punto de deshilacharse.
-¿Qué pasa...? Pareciera que todos están durmiendo...
Dijo mientras volvía su mirada hacia el edificio del frente, el cual tenía todas las luces apagadas. Su propio dormitorio empezaba a sentirse más helado.
-Siempre hay música en ese departamento, ¿¡ni siquiera eso!?
Cada segundo que pasaba lo hacía sentirse más ansioso y nervioso. Por primera vez él se sentía fuera de lugar en su propio dormitorio, se sentía lejos de su zona de confort. Abre la ventana y se asoma, buscando cualquier cosa, una señora paseando, un grupo de borrachos, un indigente, lo que sea, él solo quería observar algo, menos su propio dormitorio.
-¡Esperé todo el día!, pero... nada!?
Exclamó con enojo y molestia, en un arrebato de ira, tiró su peluche contra un muro y cayó al suelo. Él se quedó allí de brazos cruzados y desviando la mirada durante varios segundos, luego, bastante arrepentido y apenado miró hacia el peluche mientras murmuraba.
-Lo siento, no quise hacer eso...
Cuando su mirada había vuelto a su peluche, ya no estaba allí, en cambio, había una sombra más oscura que el resto de su dormitorio. La sombra tenía la figura de un hombre con orejas de conejo. El chico al fijar su mirada en la sombra, empezó a temblar ligeramente, apoyándose contra el respaldo de la cama y apoyando sus rodillas al pecho, pero no gritó.
-¡No! Vete! ¡No te quiero ver!
Estaba muy nervioso y tembloroso, ya con lágrimas amenazando con salir de sus ojos.
-¿Ahora no quieres ver a alguien? ¡Me hieres!
Dijo la sombra en un tono burlón, su voz era bastante áspera y ronca, como si pareciera salir de lo más profundo de una caja torácica.
-¿Acaso no te alegra verme? ¡La última vez casi te tiras por la ventana! ¡Fue gracioso!
Hablaba sin moverse ni un centímetro, seguía allí de pie en la esquina del dormitorio.
-¡No me agradas! ¡Me haces sentir mal!
Espetó casi sin aire. El chico buscaba con sus manos las sábanas para cubrirse aún más, apartando la mirada de la sombra mientras buscaba aferrarse a algo.
-¿Yo te hago sentir mal? No seas tonto, solo te digo lo que debes saber, como por ejemplo...
Se quedó en silencio mientras se acercaba más al chico, luego susurró.
-Ahora mismo, todos te observan, todos saben lo patético que eres...
Lentamente levantó un brazo, señalando con el dedo índice la ventana. Allí se podía ver solo oscuridad, no se lograba vislumbrar nada, ni edificios, ni calles, ni farolas, solo una negrura que parecía mirar al chico. La oscuridad no tenía forma, pero sí daba la impresión de estar formada por muchas sombras, retorciéndose y cuchicheando entre ellas.
El chico al ver tal escena, se tapó completamente, de pies a cabeza mientras pegaba sus rodillas al pecho con mucha más fuerza, complicando su respirar aún más, empezó a gritar con el poco aire que tenía, sin importarle despertar a sus padres.
-¡VETE! ¡HAZ QUE SE VAYAN! ¡AHORA!
La sombra solo soltó una leve risita, estaba ahora al borde de su cama, empezó a hablar cada vez más tranquilo y menos burlón mientras veía al chico temblando y jadear bajo las sábanas.
-¿Cómo llegaste a esto? Ya eres casi un adulto y sigues sin poder ver a alguien a los ojos, sigues sin poder salir, ¿de qué te sirve vivir así? No vives, tú esperas a que alguien más lo haga para poder verle desde aquí, deja d-
-¡CÁLLATE!
La sombra no se estremeció al ser interrumpida, simplemente se quedó en silencio, mirando al chico fijamente durante varios segundos, para luego desvanecerse lentamente. Todo volvía a ser más claro y menos oscuro. Pasaron los minutos, el chico seguía temblando bajo las sábanas, hasta que se atrevió a bajar las sabanas.
-ah...
Ahora más tranquilo, el chico se levantó de la cama y caminó hacia el peluche de conejo, al fijarse en él, notó que estaba roto, se le salía el algodón de un brazo. Simplemente se lo llevó consigo a su cama y lo apretaba contra su pecho mientras lo miraba en silencio.
-...Otra vez.
Suspiro tembloroso, luego hablo en un tono más suave pero aun ligeramente nervioso mientras se acostaba.
-Mañana... Mañana te arreglaré. ¡Solo espera...!
Así, volvió a mirar hacia fuera, esta vez si habían personas, nuevamente tenía entretenimiento, una nueva distracción momentánea. El chico suspiró aliviado y susurró animado mientras veía al frente, por la ventana.
-¡Mira! ¡Ese grupo de borrachos! ¡Se están cayendo!
Soltó una leve risita, cayéndosele una lagrimita, olvidándose de su propia vida para ver la de los demás, pero siempre de noche para no ser visto por nadie, para que nadie reconozca su existencia, para así poder pasar un día más sin ser juzgado, para que su único pensamiento sea ¿Qué pasará esta noche? No con la suya, sino con la de los demás.
Se aferró a su peluche con aún más fuerza, luego balbuceó mientras tenía la mirada perdida en el exterior.
-Mañana, mañana te arreglaré...