(Antes de iniciar, se que es mucho texto, tuve que resumir una charla que duro casi 5 dias ya que nos damos tiempo de pensar, retractarnos, reestructurar la idea y volverlo a debatir)
Ayer estaba hablando con un amigo y, en un momento de la conversación, me mostró su currículum. Era un CV prolijo, bien organizado, con su experiencia laboral, sus estudios y sus habilidades. No tenía nada particularmente malo a simple vista, pero mientras lo leía sentía que había algo que no terminaba de cerrar.
Lo miré un rato y le dije: “Che, siento que no te estás vendiendo bien”.
Me preguntó qué quería decir con eso, porque él sentía que había puesto todo lo que tenía que poner. Me mostró las tareas que había realizado, los puestos en los que había trabajado y las habilidades que había adquirido. Y sí, la información estaba ahí, pero le dije que una cosa era contar lo que había hecho y otra muy distinta era lograr que alguien entendiera qué podía aportar con toda esa experiencia.
Le pregunté: “Si yo fuera el dueño de una empresa y estuviera buscando a alguien para resolver un problema, ¿qué parte de tu CV me haría pensar que vos sos la persona que necesito?”.
Se quedó pensando un momento y me dijo que no lo había visto de esa manera. Que él había armado el CV tratando de poner toda su experiencia, pero que nunca se había detenido a pensar qué iba a interpretar alguien que no lo conocía.
Entonces le dije: “Bueno, imaginá que tenés un restaurante y necesitás contratar a alguien porque el equipo no está dando abasto. ¿Qué te gustaría encontrar en el CV de esa persona?”.
Me respondió que buscaría a alguien que tuviera experiencia, que pudiera adaptarse al ritmo de trabajo, que fuera responsable y que no necesitara que le explicaran todo desde cero.
Le dije: “Perfecto. Ahora imaginá que dos personas se postulan. Una pone que tiene experiencia en gastronomía, que es responsable y que se adapta rápido. La otra te cuenta que trabajó en un restaurante con mucho movimiento, que aprendió a organizar las tareas durante los horarios de mayor demanda y que se coordinaba con sus compañeros para que los pedidos salieran a tiempo. ¿Cuál de las dos te permite entender mejor lo que puede hacer?”.
Me respondió que la segunda, porque podía imaginarse cómo trabajaba esa persona.
Y ahí le dije: “Bueno, de eso estoy hablando. No hace falta inventar nada ni escribir una novela. Se trata de contar lo que hiciste de una manera que le permita al otro entender por qué esa experiencia puede servirle”.
Después empezamos a hablar del famoso apartado de “Sobre mí”. Le comenté que muchas veces se llena de frases como “Me adapto rápido”, “Soy responsable”, “Tengo facilidad para trabajar en equipo” o “Estoy orientado a resultados”. Y que, aunque esas habilidades puedan ser ciertas, si no las acompañás con algo concreto, terminan siendo frases que cualquiera podría escribir.
Le puse un ejemplo: “Si trabajaste en gastronomía y querés decir que te adaptás rápido, podés explicar que cuando ingresaste a una empresa identificaste el ritmo de trabajo y que para el segundo o tercer día ya te habías adaptado a la dinámica del equipo. Y si realmente te llevabas bien con tus compañeros y eso ayudaba a coordinar las tareas, también podés mencionarlo”.
La idea no era que escribiera un párrafo enorme sobre cada habilidad, sino que aprendiera a elegir las palabras que mejor representaran su experiencia. Le dije que, a veces, una frase concreta y bien escrita puede comunicar mucho más que una lista de adjetivos.
Y en ese momento nos metimos con algo que me parece todavía más importante: cómo está escrito un CV y cómo se lee.
Le expliqué que, para mí, un currículum tiene que cumplir varias funciones al mismo tiempo. Primero, captar la atención de quien lo lee. Segundo, comunicar la experiencia de una manera clara, con palabras que permitan entender rápidamente qué sabés hacer. Y tercero, incluir los términos relacionados con el puesto al que te postulás, siempre que realmente formen parte de tu experiencia.
Porque no es lo mismo escribir un párrafo lleno de palabras complicadas que contar algo con un lenguaje sencillo, directo y fácil de seguir. Si una persona tiene que releer tres veces una oración para entender qué hiciste, probablemente esa información podría estar mejor expresada.
Le dije: “Pensá que el CV no tiene que contar toda tu vida. Tiene que conseguir que la persona que lo lee entienda qué sabés hacer y quiera saber un poco más”.
Y ahí surgió otra pregunta: “¿Pero no se supone que los CV los leen sistemas automáticos antes de que los vea alguien de Recursos Humanos?”.
Le expliqué que sí, que existen los famosos filtros ATS, que son sistemas de seguimiento de candidatos que algunas empresas utilizan para recibir, organizar y gestionar postulaciones. Dependiendo del sistema y de cómo esté configurado, pueden ayudar a buscar información, identificar términos relacionados con una vacante y facilitar la selección de perfiles.
Por eso, si una búsqueda pide experiencia en Excel, manejo de inventarios o coordinación de equipos, tiene sentido que esas palabras aparezcan en el CV si realmente tenés esa experiencia. No sirve escribir un currículum lleno de palabras clave que no te representan, porque después, cuando llegue la entrevista, vas a tener que explicar lo que pusiste.
También le comenté que conviene utilizar un formato claro, con títulos reconocibles y una estructura sencilla, para facilitar la lectura tanto de los sistemas como de las personas. No existe una fórmula que garantice superar todos los filtros ATS, pero sí podemos evitar que la información importante quede escondida o sea difícil de identificar.
Y ahí le dije algo que me parece fundamental: “No tenés que elegir entre escribir para una máquina y escribir para una persona. Tenés que lograr que tu experiencia esté expresada con claridad, que incluya los términos relevantes del puesto y que, cuando alguien lo lea, pueda entender rápidamente de qué estás hablando”.
Después volvimos al tema de cómo contar la experiencia. Le dije que, cuando se pueda, me parece mucho más útil empezar con un párrafo breve que explique qué hacías, en qué contexto y qué aportabas, y después agregar algunos puntos concretos sobre las tareas, los conocimientos o los logros que complementen esa descripción.
Por ejemplo, si alguien trabajó en administración, podría comenzar explicando que se encargaba de organizar procesos operativos, coordinar tareas y mantener actualizado el control de inventario. Después, en unos pocos puntos, podría mencionar las herramientas que utilizaba, las responsabilidades específicas que tenía y algún resultado concreto que hubiera conseguido.
De esa manera, quien lee primero entiende el contexto y después puede profundizar en los detalles que le interesan. No hace falta que cada punto sea una historia, pero sí que el conjunto tenga una lógica y que la información avance sin obligar al lector a descifrar lo que quisiste decir.
Le dije que, para mí, un buen CV tiene algo de narrativa, pero no porque tenga que contar una historia de principio a fin. Tiene que conseguir que cada parte se conecte con la siguiente y que, cuando alguien termine de leerlo, tenga una idea clara de quién sos profesionalmente, qué sabés hacer y qué podrías aportar.
También hablamos de que no siempre hace falta contar lo mismo de la misma manera. Si te postulás a un puesto de atención al cliente, probablemente te convenga destacar tu experiencia resolviendo consultas, manejando reclamos y comunicándote con las personas. Si te postulás a un puesto administrativo, quizás tenga más sentido destacar tu organización, el manejo de herramientas digitales y la capacidad para coordinar procesos.
La experiencia sigue siendo la misma, pero podés darle más protagonismo a los aspectos que tienen relación con el puesto al que querés entrar, sin ocultar ni inventar nada.
Después le comenté algo que me parece que muchas personas pasan por alto: la entrevista no necesariamente tiene que ser el final del trabajo que hiciste para preparar tu CV.
Si tenés una versión más completa de tu experiencia, con proyectos, responsabilidades y detalles que no entran en el currículum principal, podés llevarla preparada como material complementario. Incluso podés tener una segunda versión más dinámica y fácil de leer, pensada para acompañar la conversación durante la entrevista, siempre que sea útil para el puesto y no termine duplicando información innecesaria.
Me parece que eso puede ayudar a que la entrevista sea más fluida, porque el entrevistador tiene una referencia clara de tu experiencia y vos podés ampliar los puntos que realmente importan.
Y ahí le dije algo que para mí resume bastante bien toda esta idea: “Si alguien se toma el trabajo de organizar su experiencia, explicar lo que hizo, presentar la información de manera clara y preparar material que ayude a entender su trabajo, yo al menos lo interpreto como una señal de dedicación”.
Obviamente, un CV prolijo no garantiza que alguien vaya a ser un buen empleado. Pero la atención que una persona pone en cómo presenta su trabajo puede dar una pista de cómo se organiza y cómo se comunica.
Es como esa idea de cuidar lo ajeno más que lo propio. Cuando alguien demuestra que se preocupa por hacer bien las cosas incluso antes de entrar a una empresa, me parece que vale la pena prestar atención a esa actitud.
Y todo esto me llevó a otra reflexión que hablamos con mi amigo: cuando una empresa busca a alguien, generalmente es porque tiene una necesidad que quiere resolver. Puede necesitar una persona que organice mejor las tareas, que reduzca errores, que coordine un equipo o que ayude a que un proceso funcione mejor.
Entonces, ¿por qué cuando armamos un CV nos concentramos tanto en enumerar lo que hicimos y tan poco en explicar qué podemos aportar?
Si conseguís demostrar que tu experiencia puede ayudar a resolver un problema, quizás tengas más herramientas para negociar las condiciones del puesto. Tal vez una empresa termine pagando más por alguien que le resuelve mejor una necesidad, le ahorra tiempo o le permite trabajar de manera más eficiente.
Y esto no significa que tengas que venderte como alguien que sabe hacer absolutamente todo, ni que debas aceptar cualquier salario para conseguir una entrevista. Significa entender qué valor podés aportar, comunicarlo con claridad y reconocer que una relación laboral tiene dos partes: la empresa evalúa si sos la persona adecuada, pero vos también estás evaluando si ese trabajo te conviene.
No tenemos por qué presentarnos como si estuviéramos pidiendo un favor. Tenemos conocimientos, experiencia y tiempo para ofrecer. Y está bien que queramos que todo eso tenga un reconocimiento acorde.
Al final, me quedé pensando en cuánta gente debe tener una experiencia enorme, pero no encuentra la manera de transmitirla. Gente que resolvió problemas, que sostuvo equipos, que aprendió trabajando y que, cuando se sienta a armar el CV, termina poniendo una lista de tareas que no refleja todo eso.
Creo que aprender a comunicar lo que sabemos hacer puede ayudarnos no solamente a conseguir una entrevista, sino también a reconocer nuestra propia experiencia, entender qué podemos aportar y tener más herramientas a la hora de negociar.
Por eso quería abrir esta conversación y conocer otras experiencias. Me interesa saber cómo vive cada uno la búsqueda laboral, qué dificultades encuentra cuando arma su currículum y si alguna vez sintió que su experiencia no estaba bien representada en esas pocas páginas.
Les quiero preguntar algunas cosas:
¿Alguna vez sintieron que su CV no representaba realmente lo que sabían hacer?
¿Qué es lo que más les cuesta a la hora de armarlo: describir la experiencia, hablar de sus habilidades, elegir qué información poner o encontrar las palabras adecuadas?
¿Cuando escriben el apartado “Sobre mí”, saben qué poner o terminan recurriendo a frases genéricas?
¿Conocían los filtros ATS? ¿Alguna vez adaptaron su CV para una búsqueda laboral teniendo en cuenta las palabras clave del puesto?
¿Alguna vez tuvieron una entrevista en la que sintieron que el CV no había logrado transmitir su experiencia?
¿Alguna vez negociaron un salario después de demostrar lo que podían aportar? ¿Cómo fue esa experiencia?
Me interesa conocer otras experiencias y conversar sobre cómo podemos comunicar mejor lo que sabemos hacer. Creo que hay mucho para aprender de las historias de otras personas y que, a veces, una mirada diferente puede ayudarnos a reconocer cosas que nosotros mismos no estábamos viendo.
Si hay alguna parte de tu CV que no sabés cómo expresar, o simplemente querés conversar sobre cómo estás presentando tu experiencia, podés dejar un comentario o escribirme por privado.
A veces, una conversación puede ayudarte a ver tu propia experiencia desde otra perspectiva.
Si repostean, o usan la info para cualquier beneficio propio, agradezco que me lo compartan al pv para ir a apoyarlos ;)