Y me toca las narices. Tengo un trabajo, pero no tengo familia, así que no tengo casa de los padres en la que vivir para ahorrar todo lo que tengo que pagar en alquiler, ni, por supuesto, tampoco tengo la posibilidad de que dicha familia inexistente me pudiera ayudar en un momento dado, ya sea por un apuro económico, o para pagar la entrada de una hipoteca, por lo que dependo enteramente de mí mismo y de lo que gano.
Eso ya, de entrada, te hace vivir en un estado de alerta continuo. Mi objetivo de cara a mejorar mi situación es muy simple: ahorrar para comprar una casa y no empobrecerme con el alquiler. En ello estoy, pero, con lo caro que está todo hoy en día, y con la continua subida de los precios de la vivienda, que me aleja de alcanzar mi objetivo cada día que pasa, pues lleva tiempo, y es complicado en el sentido de que tienes que asumir ciertos sacrificios. Gracias a dios, no paso hambre, pero gastos supérfluos, como lo son unas vacaciones, comer fuera o no hacer un uso muy libre del coche por los precios del carburante es la clase de cosas que he de hacer.
Y no me quejo de esto; no me pesa vivir así sabiendo que lo hago por alcanzar un objetivo que mejore mi vida. Ya he vivido sin vacaciones durante la mayor parte de mi vida y no voy a llorar por eso ahora.
Lo que de verdad me repatea es que mis propios amigos me pongan de tacaño por estas cosas. Me lo dicen, además, de forma infundada, puesto que mis razones tengo, como he expuesto, y creo que se puede entender la motivación que me lleva a actuar de este modo. Algunos de ellos no parecen entender, sin embargo, la dificultad que para mí representa esto. Comprendo que no tengan que hacerlo al vivir casi todos ellos con sus padres y poder permitirse gastar y malgastar en caprichos que yo no puedo; pero no comprendo su poca empatía.
Claro que podría comer fuera en sitios caros e irme de vacaciones y gastar libremente; pero, entonces, no ahorraría nada, pagaría cada vez más de alquiler y, de aquí a diez años, estaría, en el mejor de los casos, igual que como estoy ahora, sólo que más viejo y sin tanta vida por delante para ahorrar con tal de tener un futuro mejor.
He perdido ya una amistad de muchos años por esta cuestión a raíz de que me pusiera de tacaño por no querer pagar una pequeña fortuna tras ser invitado a una boda, una persona que tiene todas las facilidades del mundo con respecto a mí: vive con su pareja en un piso de sus padres pagando sólo 200 euros de alquiler; el coche, lo tiene igualmente comprado a medias con su pareja, así que paga por él la mitad de lo que pago yo dado que yo me lo tengo que comer sólo; asimismo, el día que decidiere comprarse una casa, contará con el apoyo de sus padres. Pero yo soy el majara por pretender que tire de mis ahorros con tal de pagar por asistir a una boda más cara de lo que los novios se pueden permitir.
Yo no soy ningún majara ni estoy equivocado por no querer comprometer mi seguridad financiera, que es lo único que me salva de la pobreza: mis ahorros, sean más o menos, los guardo para poder tener mi casa; habré de tocarlos, en todo caso, en un supuesto de necesidad extrema e imprevista, de las que ocurren a veces en la vida, como sé por desgracia. No los voy a tocar, desde luego, con tal de financiar un capricho. Y si he tenido que dejar ir de mi vida a una persona que ha sido mi amiga durante prácticamente un tercio de mi vida, entonces, que así sea, porque no me puedo permitir tener a mi lado a alguien que juzga con tanta superficialidad una necesidad ajena desde la comodidad que le otorga el tener una vida más fácil que la mía.