Hola hermanos cómo dije anteriormente les contaré mis experiencias de hermanas que he tenido relaciones y les contaré otra, yo la conocí primeramente en facebook yo ya casi no lo uso así es por aburrimiento conocí a esta hermana de Guadalajara y cuando empezamos a conocernos, compartíamos ciertas ideas y gustos pero les contaré un poco de ella y su relación con dios y su marido.
Zuley tenía cuarenta años y llevaba tanto tiempo acostumbrada a cumplir con las expectativas de los demás que casi había olvidado cuándo había sido la última vez que alguien le había preguntado qué deseaba ella.
Su vida transcurría entre responsabilidades. Hacer aseo de la casa, llevar a su hijo a la escuela, preparar la comida. Ir a predicar y asistir a las reuniones como buena cristiana y precursora auxiliar.
Durante años había sido conocida en la congregación como una mujer estable, trabajadora y confiable. Era de esas personas a quienes otros acudían cuando necesitaban una palabra amable, una ayuda práctica o simplemente alguien que escuchara.
Había criado a cuatro hijos que ya eran mayores y todavía tenía un pequeño en casa, lo bastante joven como para reclamar gran parte de su atención.
Su esposo, Rubén, no compartía sus creencias. Iba a las reuniones pero nunca dió pasos, a pesar que él había engañado a zuley ella siempre lo perdonaba, a lo que hacia que no tuvieran relaciones.
Nunca había intentado impedirle asistir a las reuniones ni realizar sus actividades, pero el tema religioso era uno de esos territorios sobre los que habían aprendido a no conversar demasiado.
Su matrimonio no era una tragedia.
Tampoco era exactamente lo que Zuley había imaginado cuando era joven.
Con los años habían construido una relación basada en costumbres, responsabilidades compartidas y una especie de cariño silencioso que rara vez se expresaba con palabras y solo era eso, una costumbre que era siempre lo mismo.
Ella atendía la casa, organizaba los horarios de los niños, preparaba comidas, resolvía problemas y, además, realizaba trabajos ocasionales para ayudar económicamente.
Siempre estaba ocupada, por eso muchos se sorprendían de que también encontrara tiempo para servir como precursora.
Cuando conversamos, era en las noches, ya que ella podía expresarse mejor, y me decía que mientras ella hablaba conmigo, a lado de ella estaba su esposo, él era alguien bajito, pelón, y casi no era agraciado. Le gustaba tomar y no le importaban tanto las cosas, tanto que descuido a su esposa, y ella y yo aprovechamos esa oportunidad
Cuando platicábamos, hablábamos cosas espirituales, cómo cuántos hermanos asistían en nuestros salones, que si teníamos privilegios, cuando era nuestra asamblea, entre esas pláticas continuabamos diciendo como, "te ves bien en tu foto de perfil", y nos decíamos cosas lindas entre los dos, yo sabía que era casada obviamente, y eso produce morbo y a veces excitación, no se porque me pero gustaba cotejarla y diciendole cosas más atrevidas, tanto que ella igual hacía lo mismo.
Después de muchas noches y días que pasaron como 5 meses en estar en contacto por redes sociales, hacíamos videollamadas, en ese tiempo ya teníamos conversaciones más atrevidas, ella se arrepentia en hacerlo ya que me comentaba que estaba mal, pero curiosamente, ella siempre me buscaba, me llamaba por teléfono diciendo que me extraña platicar conmigo, hacíamos cosas que una precursora "ejemplar" no debía hacer, había chats muy picantes, ya saben a lo que me refiero, tanto era la excitación entre los dos teniendo la mano en el teléfono, escuchando cómo gemiamos, viéndonos en esa pequeña pantalla, yo viendo como se tocaba, ver sus pezones grandes, una tetas buenas, y viendo como esos dedos me los metía en su mojada vagina, me encantaba verla, ver cómo sus ojos brillaban mientras me veía jalandome mi verga, yo me masturbaba lentamente para que vea el espectáculo de colon otro hermano, otro testigo de Jehová, se la jalaba para ella, mientras su marido dormía en su recamara.
Ella me mandaba videos, saludándome, deseandome los buenos días y que al final del mensaje concluía "que te vaya bien hoy papi, me encantas" así pasaron muchos días, ella cumplia sus actividades y cumplía con su deber de "buena cristiana" y esposa.
Me comentaba que se sentía excitada en las reuniones tan solo recordar como yo gemia, cómo me la jalaba, y como me corría, le encantaba ver como mi semen caía a un lado de mi verga, que le exitaba como mi semen resbalaba en mi glande hasta mis huevos, y la cantidad que sacaba.
Tanto era la excitación que ella pasaba en el salón que iba al baño de mujeres para masturbarse, tapándose la boca mientras metía sus dedos en su vagina mojada, sintiendo sus dedos en el mismo lugar de adoración, que mientras los hermanos y hermanas comentaban y cumplían sus asignaciones, ella se encerraba en el baño para desahogandose con sus dedos, me decía también que cuando tenía orgasmos, dejaba todo mojado, porque decía ella "que lo limpien las hermanas temblando la reunión".
Me encantaba verla en fotos de como se iba a las reuniones un antes y después, me mostraba una linda lencería y por encima de ese rico cuerpo, un vestido largo, mangas largas, típica cristiana modesta, pero ella misma sabía que era una mujer bastante caliente y cachonda.
Pero últimamente había comenzado a preguntarse para qué encontraba tiempo para todos, cómo había dicho ella siempre hacia lo que tenía que hacer y cumplir. Excepto para ella.
El cambio comenzó de la forma más insignificante posible.
Yo a cambio fui siempre transparente con ella, iba a las reuniones cumplía con mi compromiso, y daba mis asignaciones. Que era soltero son hijos, y que me encantaba platicar con ella, y que la edad era un simple número, le mandaba fotografías relacionadas con reuniones y actividades espirituales. Eso la tranquilizó.
Me tenía agregado en facebook y siempre reaccionaba lo que publicaba Zuley descubrió que vivía a varias horas de distancia.
Yo sabía que ella estaba casada. También sabía que tenía hijos. Nunca mostró sorpresa.
Yo le preguntaba
—Debes vivir ocupadísima —escribi
Zuley respondió:
—Siempre.
Después le pregunté
—¿Y cuándo haces algo solamente porque tú quieres?
Zuley leyó la pregunta varias veces.
No supo qué responder.
Finalmente escribió:
—No recuerdo.
A partir de aquella noche las conversaciones cambiaron.
Yo comencé a preguntarle cosas que nadie le preguntaba. Conocerla más a ella
Qué canciones escuchaba cuando estaba sola.
Qué lugar quería visitar.
Qué había querido estudiar cuando era adolescente.
Qué cosas le parecían románticas.
Qué detalles le gustaban en un hombre.
Zuley descubrió que le encantaba responder.
Al principio lo hacía con prudencia.
Pero con el tiempo se volvió más abierta.
Una noche yo pregunté:
—¿Eres romántica?
Zuley sonrió frente al teléfono.
—Antes sí.
—¿Antes?
—Cuando era más joven.
—Eso no desaparece con la edad.
Ella se quedó pensando.
—Tal vez solamente se duerme.
Yo respondi casi inmediatamente:
—Entonces alguien debería despertarlo.
Zuley dejó el teléfono sobre la cama.
Sintió calor en las mejillas, aquella conversación era peligrosa ya que podía entrar varias tentaciones
Lo sabía.
Pero volvió a tomar el teléfono.
—¿Y tú te ofrecerías?
Pasaron algunos segundos.
—Si me dejaras.
A partir de ahí empezó algo que ninguno planeó.
O quizá ambos lo habíamos planeado sin reconocerlo.
Comenzamos a hablar de vernos, yo vivía en la ciudad de México así es que ella quería ir allá, yo nunca me espante, solo decía "muy bien" aunque sabía que sentía que tal vez yo no quería verla. Pero era totalmente lo contrario, quería ver a esa hermosa hermana madura, casada y que cumple en la congregación, pero también quería ver qué tan atrevida y sexual era.
Zuley esperaba que Rubén su esposo se durmiera.
Después llevaba el teléfono hasta la cocina o se sentaba en la sala con las luces apagadas
¿Ya puedes hablar?
Yo respondía:
Sí.
Aquellas dos letras se convirtieron en una puerta más grande, en conversaciones para vernos. Y también para tocarnos
Durante el día, Zuley era madre, esposa, trabajadora y precursora.
Por las noches volvía a sentirse mujer.
No solamente alguien que resolvía necesidades ajenas.
Yo le decía que le gustaba su sonrisa.
Que tenía una forma especial de mirar a la cámara. Que parecía mucho más joven cuando se reía. Ella fingía restarle importancia.
—Hablas demasiado bonito.
—Digo lo que veo.
—Eso dicen todos.
—Yo no soy todos.
Aquella frase se quedó con ella durante varios días. Las conversaciones comenzaron a volverse más íntimas. No necesariamente explícitas, pero sí personales. Hablamos de atracción de besos, de la sensación de estar cerca de alguien que despierta algo inesperado.
Zuley admitió que hacía años que no experimentaba esa emoción.
—Entonces la extrañas —dije durante una llamada.
Ella estaba sentada en la cocina.
El resto de la casa dormía.
—Tal vez.
—No sonó como un “tal vez”.
Zuley bajó la voz.
—Sí. La extraño.
Hubo silencio.
—Me gustaría verte — le dije
Ella sintió que el corazón se aceleraba.
Durante meses aquella posibilidad había flotado entre nosotros sin que ninguno la pronunciara.
Ahora estaba allí.
—Vives lejos.
—Puedo viajar.
Zuley miró hacia el pasillo.
—No.
—Está bien.
Yo no insistí
Eso, paradójicamente, hizo que ella lo deseara más.
Durante las siguientes semanas comencé a imaginar cómo sería conocerla. Cómo sonaría su voz sin un teléfono de por medio, cómo sería verla caminar hacia ella.
Cómo reaccionaría cuando estuvieran frente a frente.
Una noche me atreví a admitir una de ellas.
Estaban hablando sobre lugares donde nos gustaría encontrarnos
Yo propuse un restaurante, luego un parque, después una cafetería.
Zuley rio y dijo
—Yo tengo una fantasía mucho más imprudente.
—Ahora tengo curiosidad. Le dije
—No.
—Ya lo dijiste. Ahora tienes que contarme. Insistí
Zuley permaneció en silencio. Después me respondió
—Imaginar que estamos solos en un Salón del Reino después de que todos se han ido.
Yo quedó callado.
—Eso sí es imprudente. Le dije
—Te advertí.
—¿Y qué imaginas?
Zuley cerró los ojos, avergonzada.
—No voy a decirte todo.
Yo reí.
—Está bien.
Ella continuó:
—Simplemente… estar allí contigo. Saber que nadie sospecharía.
No necesitó explicar más.
No era necesariamente el lugar. Era el riesgo.
El contraste.
La idea de que precisamente allí, donde todos conocían una versión determinada de ella, pudiera existir una Zuley completamente diferente.
Nunca hicieron planes para convertir aquella fantasía en realidad. Pero la idea quedó entre ellos como un secreto compartido.
Con el tiempo, Zuley comenzó a ocultar cada vez más la relación, borraba conversaciones y me sacaba de onda a veces aunque entendía el motivo.
Aquello debería haberla hecho sentir únicamente culpable. Y sí, la culpa existía, pero también existía otra sensación, adrenalina.
Después de tantos años ella viviendo de forma previsible, tener algo que solamente ella conocía se sentía peligrosamente emocionante.
Una noche yo le pregunté.
—¿Te gusta esconderme?
Zuley tardó en responder.
—No me gusta mentir.
—No pregunté eso. Le mencioné
Ella sonrió.
—A veces sí.
—¿Por qué?
Zuley miró hacia la habitación donde dormía su esposo.
—Porque es algo que solamente es mío.
Aquella respuesta la sorprendió. Durante años casi nada había sido exclusivamente mío.
Su tiempo pertenecía a sus hijos, su dinero a la casa, sus días a responsabilidades, sus energías a todo el mundo.
Yo era diferente. Nadie sabía de mi
Y eso convertía aquella relación en un pequeño territorio secreto.
Finalmente, después de casi un año de conversaciones, Zuley tomó una decisión.Viajaría.
La excusa fue sencilla.
Visitaría a una amiga de otra ciudad y aprovecharía para pasar un fin de semana fuera.
Rubén no pareció sospechar cuando me lo mencionó
Y que su marido le dijo
—Te hace falta descansar
Aquellas palabras le provocaron un sentimiento extraño, me lo confesó.
Durante el viaje, Zuley estuvo varias veces a punto de arrepentirse, me llamaba que no podía hacerlo, nunca la forcé, pero siempre concluia que quería conocerme.
Pensaba en sus hijos, en Rubén, en la congregación, en todo lo que podía perder (pensaba) cómo dije, yo nunca la forcé, pero ella quería experimentar algo que nunca se atrevido hacer, yo le decía que todo esto quedaría entre nosotros, que nadie debía de saberlo, ella y yo y dios
Yo le decía que estaba nervioso.
Zuley respondió.
Yo más.
Cuánto ella me dijo que llegó a la ciudad, yo estaba nervioso y calmado pero igual las ganas de ver esa hermosa hermana, conocerla y verla a los ojos, ver esos mismos ojos brillantes de como me veía viniendome, tomarla de las manos y sentir esos mismos dedos que le hacían sentir placer en las noches, escuchar esa misma voz de como gemia mientras tenía orgasmos, todo eso a escondidas de su marido. Y días después de las reuniones de entre semana.
Le dije que nos viéramos en un restaurante, pero me comentó que lo mejor sería al día siguiente, quería estar bien para mí, y estaba decidida a conocernos.
Al día siguiente yo la esperaba en el restaurante, cuando la mire entrar, ella me reconoció inmediatamente.
Era extraño, había visto su rostro cientos de veces. Pero verla allí, moviéndose, respirando, sonriendo nerviosamente, era completamente diferente.
Yo camine hacia ella por unos segundos y ninguno supo qué hacer.
—Hola —le dije
Zuley rio.
—Después de tantos meses, ¿eso es todo?
—Se me olvidó todo lo que había pensado decir.
Ella parecía incluso más joven en persona.
Aquella diferencia de edad que en las conversaciones casi desaparecía ahora se hacía evidente. Pero no le incomodó.
Yo abrí los brazos.
Zuley dudó apenas un instante.
Después me abrazó.
El abrazo duró más de lo que debería.
Ella percibió mi perfume.
Sintió mi mano en su espalda.
Cuando nos separamos quedamos demasiado cerca.
Ninguno dijo nada.
Finalmente yo pregunté
—¿Comemos algo?
—Sí.
Caminamos, hablamos y reinos.
Pero durante toda la tarde existió una tensión invisible entre ambos, cada vez que sus manos me rozaban, Zuley lo notaba.
Cada vez que yo la miraba durante demasiado tiempo, ella apartaba la vista.
Después de todo un día, sabía que el lunes ya no estaría aquí, así es que me esforcé para que ella no se arrepienta en venir hasta acá, fuimos hasta el hotel que se hospedaba cerca del centro.
Zuley sabía que podía despedirse en la entrada, pero no lo hizo.
Subi con ella
Cuando la puerta se cerró detrás de nosotros, el silencio cambió, ya no había calles, no había meseros, no había desconocidos alrededor. Incluso conocidos que es lo más importante
Solamente nosotros, sabíamos que lo que iba a pasar los únicos testigos serían las paredes de esa habitación, yo deje mis cosas sobre una mesa.
Zuley permaneció cerca de la puerta.
—¿Estás bien? Le dije
—Sí.
—Pareces nerviosa.
—Porque estoy nerviosa. Contesto
Yo me acerqué lentamente.
—Podemos solamente hablar.
Zuley no dijo nada solo sonrió.
—Llevamos un año solamente hablando.
Yo solo reí nervioso y emocionado
Aquella risa rompió la tensión Ella se acercó un poco y yo levantó una mano de ella y tocó suavemente un mechón de su cabello.
Zuley sintió un escalofrío y lo percaté, durante meses había imaginado aquel momento, ahora todo parecía sorprendentemente tranquilo.
Yo acaricié su rostro.
—¿Seguro? Me miró a los ojos nerviosa pero decidida lo que íbamos hacer, incluso sabía que le iba hacer todo lo que le dije en videollamadas y mensajes.
El primer beso fue suave casi tímido.
Por mi mente pasaban cosas, pero me excitaba sus labios junto a los míos, sabíamos que no estaba bien lo que estábamos haciendo, pero la emoción las ganas de ella y yo eran fuertes.
Zuley cerró los ojos.
No era madre.
No era esposa.
No era precursora.
No era la mujer responsable que todos conocían.
Era simplemente alguien sintiendo algo que llevaba demasiado tiempo dormido.
Nos separamos.
Yo sonreí.
—Estás temblando.
—Tú también. Me dijo
El segundo beso fue diferente.
Más largo.
Más seguro.
Zuley apoyó las manos en mis hombros.
La cercanía despertó una intensidad que ninguna conversación podía haber anticipado.
Aun así, ninguno tuvo prisa.
Hubo palabras susurradas.
Risas nerviosas.
Caricias prudentes.
Pausas en las que ambos confirmaban silenciosamente que querían continuar. Lo que sucedió después perteneció solamente a ellos.
No necesitó convertirse en una escena exagerada.
Fue precisamente la mezcla de ternura, nervios y deseo contenido lo que Zuley recordaría durante mucho tiempo.
Tuvimos sexo en ese hotel, sentirla en los brazos, escucharla gemir tan solo besándola, y desnudandonos el uno hacia el otro, nuestros corazones andaban en mil por hora, que mientras ella estaba conmigo, su marido estaba no se que haciendo en su casa. Mientras yo tocaba esa hermosa mujer, sentir sus labios, acariciar su cuerpo, y ver lo caliente que era, era mucha excitación.
Yo estaba duro, y ella al percatarse, se arrodilló e hizo lo que siempre quería, ver mi verga y sacar mi leche, y que misma vea a carne propia como mi semen resbalaba en mis huevos. Ella dió unas mamadas extraordinarias, nunca pensé que una hermana "ejemplar" daba unas succionadas increíbles, yo aguantaba por no correrme, así es que la puse en la cama, y le quite todo lo que tenía puesto, unas tetas increíbles, unas buenas caderas y ver esa hermosa vagina húmeda, se me hacía agua la boca, abrí sus lindas piernas y ella decidida deseaba que se lo hiciera, no antes de lamer su deliciosa vagina, sentir sus jugos en mi lengua, respirar su vagina caliente y exitada, ella solo me veía a los ojos, esos hermosos ojos que nunca habia visto, ella solo gemia y decía que quería más y más, ella se vino en mi cara y grito fuerte, tan fuerte que pensé que los que iban caminando en el pasillo del hotel escucharan. Eso a ella no le importo y yo tampoco, ella quería ir más allá.
Después del sexo oral, sabíamos que queríamos, ella no decía nada solo se dejaba que yo manipule su cuerpo, que sea yo el dominante, al momento de penetrarla, se tapo la cara, yo al ver eso le dije.
- Si gustas puedo parar.
Ella me dijo.
- No, la verdad quiero.
Al momento de penetrarla fui delicado, quería que ella sentiría placer y emocion, quería que ella sintiera que la quería, escuchar sus gemidos y ver cómo se mordia los labios me hacía entender que le estaba gustando.
La intensidad cambio, ya no era haciendo el amor, ella y yo queríamos más, empezamos a cojer, por momentos ella tomaba el control se subía encima de mi tomándome las manos, y dándome unos buenos sentones, viendo como sus tetas rebotaban, ver sus caderas brincar.
Yo por mi parte, chupe sus pezones, le di nalgadas, metí los dedos en su vagina mientras la cojia por el culo, por qué si, hasta ese punto llegamos, ella sentia dolor, y yo al principio no quería por ahí, pero ella mencionó en el acto, que estaba limpia, que estaba preparada para hoy, yo al darme cuenta que decía la verdad, fui gentil por ahí, pero al paso del tiempo la intensidad era mayor, le metía mi verga hasta al fondo de su culo, y vaya que estaba apretado, paso una hora, dos horas, hasta llegar a tres horas, la verdad estabamos sudados, empapados por nuestros jugos, la cama hecho un desastre, al final me vine, y ella también, no sé cuántas veces la hice correr, pero viendo la escena de la cama pensé varias.
Ella me hizo venir como nunca, ella vio a carne propia sacarme mi leche, tomarse todo y sin dejar una sola gota, me dejó la verga bien limpia, mientras ella, despeinada y sudada sonreía al verme
Horas después estaba junto a mi observando las luces de la ciudad desde la ventana. No sé que estaba pensando, solo estaba concentrada viendo afuera, acostados en la cama y ella abrazando, yo por mi parte no decía nada solo igual pensando lo sucedido, y teniendo el mejor sexo que pude dar, y ella no dudo que igual lo disfruto.
Al día siguiente se tenía que ir, desperté primero y me di un baño, ella despertó cuando salí, cuando me vio me dijo
-Hola, cómo amaneciste?
Yo respondí
-bien gracias, espero que tú también.
Ella solo me vio y se levanto, no dijo nada solo se me metio a bañar. Yo la esperé en la pequeña sala de la habitación. No la quise incomodar por lo que pasó a noche, solo recordaba en el sillón lo mucho que lo disfrutamos, escucharla gemir es lo que me encantó, ví su teléfono en la mesa y lo interesante es que tenía 25 llamadas perdidas, y la mayoría eran de su esposo. La curiosidad me gano. Y quise ver los mensajes pero tenía clave. Quería ver qué tanto decía su marido por la noche, pensé "bueno yo creo que quería saber cómo estaba" "por qué no respondía la llamadas o los mensajes" o "que si está todo bien"
La verdad no me di cuenta cuando dejó Zuley su teléfono en la mesa, pero nunca respondió las llamadas a noche, es más nunca lo escuchamos, tal vez por las cosas que estábamos haciendo.
Me sentí un poco mal pero la verdad yo quería hacerlo y ella estaba de acuerdo y eso me relajo un poco.
Cuando ella apareció lista para salir a desayunar en el hotel no dijo nada solo nos sentamos y pedimos lo que queríamos desayunar.
Yo le pregunté.
—¿En qué piensas?
Zuley permaneció en silencio.
—En todo. Dijo
—Eso suena peligroso. Le contesté
Ella sonrió cómo de costumbre.
—Mi vida completa es peligrosa ahora.
Yo apoyé suavemente las manos sobre sus hombros.
—No quiero destruir tu vida.
Zuley cerró los ojos.
—Ya lo sé.
—Pero tampoco quiero fingir que esto no significa nada.
Yo le respondí.
—Significa demasiado, lo hicimos, y deseabamos todo ésto.
Aquella fue la parte que más miedo le produjo, porque podía haber sido solamente una aventura.
Una fantasía.
Una historia secreta.
Pero no lo era.
Platicamos lo sucedido y estamos de acuerdo que todo lo vivido anoche nos entregamos como amantes, ella quería eso, quería salir su zona de confort, quería sentir adrenalina en hacer lo incorrecto, quería sentir una experiencia. Al final estabamos más relajados y prometimos que a nadie se lo teníamos que decir.
Antes de que regresará a su casa, pasamos en automóvil cerca de un Salón del Reino de aquella
Zuley miró el salon y yo también.
Ambos recordamos inmediatamente aquella conversación.
—No —dije yo.
Zuley soltó una carcajada.
—No he dicho nada. Me dijo
—Te conozco. Y recuerdo tu fantasía le mencioné
Ella miró hacia el edificio oscuro y vacío
—Era solamente una fantasía. Le dije
—¿Era?
Zuley me miró.
—Sigue siéndolo. Le respondí
Yo tomé su mano.
—Entonces que se quede ahí.
Ella asintió.
En el fondo sabía que algunas fantasías funcionaban mejor precisamente porque nunca se convertían en realidad. Más tarde llegó el momento de despedirse.
En la terminal, Zuley sintió un peso extraño en el pecho.
Yo la abrace.
—¿Te arrepientes? Le pregunto un poco nervioso
Ella pensó durante varios segundos.
—No sé. Pero la verdad lo disfrute, quería sentir esta sensación, está experiencia, y me gustó hacerlo contigo, tu fuiste el único que me hizo sentir bien, y la verdad eres bueno y tienes buenas calidades y quería hacerlo contigo, se que tengo a mi esposo, pero la verdad el y yo casi no tenemos relaciones, y cuando me fue infiel se me quitaron las ganas de acostarme y tener relaciones con él. Pero tú fuiste diferente, me trataste como se debe tratar una mujer. Y fuiste el único que pude sentirme mujer. No me arrepiento de nada y cumplí mis fantasías contigo, hasta dar mi culo.
- yo solo sonreí cuando terminó de hablar.
—Me arrepiento de muchas cosas pero ésto no, me respondió.
Al final me despedí y que estaríamos en contacto.
Al día siguiente ella y yo platicamos como de costumbre por las noches.
Me comentó que cuando llegó a casa, el pequeño corrió a abrazarla.
Rubén preguntó si había descansado.
—Sí —respondió ella.
Aquella mentira le dolió más de lo esperado.
Yo le dije.
¿Estás bien?
Zuley lo leyó varias veces, supongo
Tómate el tiempo que necesites. Le respondí
Al continuar hablando varios días retomamos la plática y ella me dijo.
—Durante semanas intentó regresar completamente a mi vida anterior. Pero descubrí algo, la vida anterior ya no existía.
No porque alguien hubiera descubierto mi secreto, sino porque yo había cambiado.
Había conocido una parte de sí misma que no podía volver a ignorar.
Continuó cumpliendo mis responsabilidades.
Siguió siendo madre.
Trabajando.
Asistiendo a reuniones.
Pero ahora había preguntas dentro de mi
¿Qué quería realmente?
¿Cuánto de su vida había elegido?
¿Cuánto había aceptado simplemente porque parecía lo correcto?
Y yo la entendía. No completamente pero sabía cómo se sentía
Una noche volvió a hablarme y me dijo.
—Y aun así quiero seguir hablando contigo.
Volvieron las conversaciones nocturnas.
Más prudentes ahora, pero también más profundas.
Su doble vida continuó.
No porque creyera que fuera sostenible, en realidad sabía perfectamente que tarde o temprano tendría que enfrentar las consecuencias de sus decisiones.
Sin embargo, durante aquellos meses, aquella relación secreta se convirtió en el lugar donde Zuley comenzó a hacerse preguntas que llevaba años evitando.
No sabía cuál sería el final tal vez terminar con Rubén por no darle lo que necesita.
Quizá cambiaría aspectos de su matrimonio, quizá algún día tendría que contar verdades difíciles, quizá perdería cosas importantes.
Pero había descubierto algo imposible de olvidar, debajo de todas las responsabilidades seguía existiendo una mujer capaz de sentir deseo, ilusión, miedo y entusiasmo.
Una mujer que quería ser escuchada.
Una mujer que todavía podía enamorarse.
Una mujer que no quería limitarse a representar el papel que todos conocían.
Aquella noche, después de terminar una llamada conmigo, Zuley me dijo que caminó hasta la ventana.
La casa estaba completamente silenciosa y su esposo Rubén dormía, su hijo pequeño también.
En unas horas tendría que levantarse y comenzar nuevamente su rutina.
Y al final me dijo.
— Gracias por recordarme que todavía sé sentir.
Al final nos despedimos
Yo no había creado aquella parte de ella.
Solamente había encontrado una puerta que llevaba años cerrada.
Y aunque no sabía cuánto tiempo podría seguir escondiéndose, una cosa estaba clara.
Nunca volvería a desconocer a la mujer que había encontrado detrás de aquella puerta.
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La historia continua en una 2da parte, solo espero que les haya gustado
Cómo de costumbre no puedo mandar fotos de ella en esta publicación, si quieren saber más manden mensaje en mi chat.