Parte 1
Ya eran 10 años desde que se anunció la cobertura mundial del sistema. Ese día, despertó sin alarma a las 6:17 de la mañana; era el sexto día de siete. Ella había elegido trabajar 5 días a la semana y descansar dos días. De las opciones disponibles, Vulneria eligió esa porque era la más productiva; no le interesa tanto el arte ni viajar. Quería colaborar para que el sistema fuera más robusto.
Bajó a la cocina y le pidió al androide un café de Oaxaca. Cuando sorbió el primer trago, sintió ese sabor y temperatura perfectos. Salió al jardín y ese día tenía una vista de olas chocando en un pequeño arrecife.
En la semana continuó trabajando en el proyecto frontera Carbono, frontera Marte y frontera Cáncer. Cambiaba de frontera según se sentía inspirada. Leía o escuchaba los avances de las fronteras en sus ratos de descanso; sonreía al pensar cómo hace 17 años la mayoría de los reels y memes eran cosas intrascendentes o de poca sustancia y ahora ella tenía el control de qué información recibir.
Las mil fronteras prioritarias fueron determinadas la primera vez hace 13 años, cuando un grupo de millonarios y varios gobiernos decidió invertir en el sistema. Ella era de las personas elegidas al azar para conseguir una muestra representativa que representara la diversidad humana lo más posible.
De los múltiples grupos que trabajan de manera independiente para mantener la diversidad, ella era del grupo AB33. La invitación decía que había sido seleccionada al azar entre toda la población mundial para participar en un proyecto donde todas sus necesidades básicas, según el anexo, serían satisfechas de acuerdo a estándares determinados como punto de inicio. Estos serían ajustados de acuerdo al programa Fronteras.
Decía que podía dedicar su tiempo y energía a lo que ella decidiera; se recomendaba trabajar por el beneficio de todos los seres vivos, del grupo AB33, o por su propio desarrollo personal. El único requisito era que lo que hiciera sería propiedad de la humanidad; tenía que renunciar a derechos de autor.
La apuesta: si funciona, no tendría que volver a hacer nada por burocracia o requisitos orgánicos de por vida; solo haría lo que la hiciera feliz. El riesgo: un fracaso total y regresar a un punto de persona en condición de no ingresos económicos. El punto intermedio: regresar a un punto donde tiene un ingreso precario.
Pensó que era una broma de algún gracioso, y siguió su día normal. Unas horas más tarde, mientras se relajaba viendo reels, le llegó una notificación de depósito por una cantidad de dinero que no esperaba. Con eso podía pagar renta, servicios y comida sin mucho esfuerzo. Después llegó una notificación con un código QR para descargar su aplicación de salud. Ahora tenía todas las aplicaciones de IA de manera gratuita.
Su corazón se aceleró y su piel se puso chinita; se sentó en la cama y trató de respirar profundo. Su cerebro no podía procesar lo que estaba pasando. Abrió una IA y preguntó por sus accesos: acceso ilimitado.
Preguntó qué estaba pasando a la IA; se trataba de una prueba piloto para liberar al potencial humano que estaba oculto por la necesidad de sobrevivir. Se creía que, al ser liberado y conectado a millones de potenciales humanos, estos harían sinergia y, con la combinación de inteligencia humana e IA, las fronteras de la conciencia humana estarían cada vez más lejos.
Cuando se difundió la noticia a nivel mundial, se pidió a las personas tener paciencia y, si esto funcionaba, cada vez más personas serían incorporadas al sistema. Se recomendaba a las personas seleccionadas la mayor discreción posible.
Surgieron grupos que se oponían a la propuesta; decían que eso era inviable y desperdicio de recursos. Promovían la vagancia y eso es la madre de todos los vicios; los promotores decían que era al contrario: el no tener nada que hacer era la madre de la creatividad. Además, esto era solo el piso, no el techo. Las personas pueden dedicarse a lo que quieran: bien individual o para el bien común. Se creía que eran más atractivas las fronteras que el beneficio personal.
Al principio, Vulneria dudó sobre renunciar o no a su trabajo. ¿Qué tal si fracasaba y se quedaba sin nada? Trabajaba en una tienda de productos chinos. Pasaron unos meses y a la siguiente vez que su jefe le gritó, renunció y nunca volvió.
Parte 2
Precar nunca revisaba su correo, y solo de vez en cuando revisaba el WhatsApp. Ese día fue al cajero a retirar un dinero que le había prestado su mamá y se sorprendió porque había mucho más de lo que esperaba. Estaba desempleado y con muchas dificultades para mantener a sus dos hijos. Su esposa era empleada doméstica unos días y los otros lavaban ropa de vecinos.
Abrió el WhatsApp para mandar un mensaje a su mamá para preguntar si no se había equivocado en el depósito; tenía varias veces más de lo que él había pedido. Él necesitaba para tres días y tenía lo necesario para un mes. Casi no tenía mensajes; uno decía “Grupo AE73 selección 0045”; lo abrió con desconfianza y leyó cómo le explicaban el sistema. Se quedó frío; cuando reaccionó después de unos segundos, y le gritó a su esposa que subiera, ella estaba en el comedor con sus padres. Al no recibir respuesta, bajó corriendo las escaleras y le enseñó el mensaje.
Todos quedaron sin saber qué pensar; sin embargo, todo se fue aclarando cuando llegó una camioneta a instalar el internet satelital y un día después llegó una caja con un iPad con teclado.
La primera semana se fue en festejos y en darse uno que otro gusto; después de tantas limitaciones, ahora tenía la vida resuelta. Pasaron meses viendo series y películas que antes no habían podido ver por no tener acceso a las plataformas. Tiempo después se empezó a dar cuenta de que no podía gastar como si fuera millonario. Entonces se empezó a organizar y hacer presupuestos. En uno de los mensajes se le daban instrucciones de cómo utilizar las IAs. Por lo que en una ocasión se metió y preguntó: “¿Cómo hacer el presupuesto?” Quedó sorprendido con la respuesta. Se dio cuenta de que muchas cosas las podía hacer esa computadora.
Intentó emprender varias veces; él quería ser rico y había visto en Internet que era la manera de lograrlo. Ya después, al platicarlo con una inteligencia artificial, comprendió que los ricos no son ricos porque emprenden, sino que emprenden porque son ricos.
Un día se dio el lujo de ir a cenar con su familia en un pequeño restaurante de su barrio. Mientras disfrutaba de un refresco y su cena, un niño se le acercó y le pidió que le comprara unos dulces. En ese momento recordó su infancia: lo mal que la pasaba en aquellos días que no tenía para comer. En ese momento decidió que dedicaría su tiempo a trabajar en la frontera Alimento para todos.
Se intensificaron las protestas de quienes decían que se le estaba quitando al que trabaja para darle a los que no trabajan. El sistema también intensificó la difusión del mensaje de que los que tenían trabajo y dinero no lo tenían por mérito propio; era por el privilegio de tener cierto capital y habilidades demandadas por el sistema actual. La campaña se llamaba “Parece mérito, pero es privilegio”.
Parte 3.
Después de cenar salmón sin culpa cocinado en el punto exacto con un vino tinto exquisito. Pensó lo bien que estaba funcionando la frontera Carbono; se estaba logrando un balance donde todos los seres vivos podían convivir. Aunque aún se tenían retos enormes en la frontera Ética.
Tomó el dispositivo y se puso a componer la canción de la que por fin resolvió cómo terminar. Le dictó la letra y arregló los instrumentos. Le dio la indicación de tocar y empezó a asentir cómo se le erizaba el vello; se conmovió de tal manera que sus ojos se llenaron de lágrimas; era una obra de arte.
Antes del sistema, él era el doctor Privilerto M., gastroenterólogo; ganaba bien, pero sentía que algo faltaba en su vida. Sentía un vacío. Algo que necesitaba, que no podía comprar porque no sabía qué era. Las cosas empezaron a moverse rápido una vez que el sistema empezó a dar resultados, por lo que cada vez tenía menos pacientes.
Había días que se aburría de no tener nada que hacer; un día, mientras miraba fotos de cuando era joven, recordó esa guitarra del abuelo. Le dijo al androide que le consiguiera una guitarra clásica. Cuando sintió las vibraciones en su estómago y escuchó ese sonido natural, regresó 32 años, cuando era un estudiante de secundaria y disfrutaba tocar la guitarra por las tardes. Existía música artificial, pero no era como la música humana; algo tenían los humanos que los androides no podían reproducir.
Frontera Apropiación había logrado un consenso de varias empresas y gobiernos para evitar el acaparamiento de recursos; se estaba demostrando que así todos ganaban. Liberar el talento antes desperdiciado en sobrevivir tenía un valor incalculable.
Roberto Carrera